Divina Comedia (Dante Alighieri) Libros Clásicos

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-me comenzó a decir- y estarás hasta 18

que puedas ver el horrible arenal;
mas mira atentamente; así verás
cosas que si te digo no creerías.» 21

Yo escuchaba por todas partes ayes,
y no vela a nadie que los diese, 23
por lo que me detuve muy asustado. 24

Yo creí que él creyó que yo creía
que tanta voz salía del follaje,
de gente que a nosotros se ocultaba. 27

Y por ello me dijo: «Si tronchases
cualquier manojo de una de estas plantas,
tus pensamientos también romperias.» 30

Entonces extendí un poco la mano,
y corté una ramita a un gran endrino;
y su tronco gritó: «¿Por qué me hieres? 33

Y haciéndose después de sangre oscuro
volvió a decir: «Por qué así me desgarras?
¿es que no tienes compasión alguna? 36

Hombres fuimos, y ahora matorrales;
más piadosa debiera ser tu mano,
aunque fuéramos almas de serpientes.» 39

Como. una astilla verde que encendida
por un lado, gotea por el otro,
y chirría el vapor que sale de ella, 42

así del roto esqueje salen juntas
sangre y palabras: y dejé la rama
caer y me quedé como quien teme. 45

«Si él hubiese creído de antemano
-le respondió mi sabio-, ánima herida,
aquello que en mis rimas ha leído, 48

no hubiera puesto sobre ti la mano:
mas me ha llevado la increible cosa
a inducirle a hacer algo que me pesa: 51

mas dile quién has sido, y de este modo
algún aumento renueve tu fama
alli en el mundo, al que volver él puede.» 54

Y el tronco: «Son tan dulces tus lisonjas
que no puedo callar; y no os moleste
si en hablaros un poco me entretengo: 57

Yo soy aquel que tuvo las dos llaves 58
que el corazón de Federico abrían
y cerraban, de forma tan suave, 60

que a casi todos les negó el secreto;
tanta fidelidad puse en servirle

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