Divina Comedia (Dante Alighieri) Libros Clásicos

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me enseñabais que el hombre se hace eterno;
y cuánto os lo agradezco, mientras viva,
conviene que en mi lengua se proclame. 87

Lo que narráis de mi carrera escribo,
para hacerlo glosar, junto a otro texto, 89
si hasta ella llego, a la mujer que sabe. 90

Sólo quiero que os sea manifiesto
que, con estar tranquila mi conciencia,
me doy, sea cual sea, a la Fortuna. 93

No es nuevo a mis oídos tal augurio:
mas la Fortuna hace girar su rueda
como gusta, y el labrador su azada.» 96

Entonces mi maestro la mejilla
derecha volvió atrás, y me miró;
dijo después: «Bien oye el precavido.» 99

Pero yo no dejé de hablar por eso
con ser Brunetto, y pregunto quién son
sus compañeros de más alta fama. 102

Y él me dijo: «Saber de alguno es bueno;
de los demás será mejor que calle,
que a tantos como son el tiempo es corto. 105

Sabe, en suma, que todos fueron clérigos
y literatos grandes y famosos,
al mundo sucios de un igual pecado. 108

Prisciano va con esa turba mísera, 109
y Francesco D´Accorso; y ver con éste, 110
si de tal tiña tuvieses deseo, 111

podrás a quien el Siervo de los Siervos
hizo mudar del Arno al Bachiglión, 113
donde dejó los nervios mal usados. 114

De otros diría, mas charla y camino
no pueden alargarse, pues ya veo
surgir del arenal un nuevo humo. 117

Gente viene con la que estar no debo:
mi "Tesoro" te dejo encomendado, 119
en el que vivo aún, y más no digo.» 120

Luego se fue, y parecía de aquellos
que el verde lienzo corren en Verona 122
por el campo; y entre éstos parecía 123
de los que ganan, no de los que pierden.

CANTO XVI

Ya estaba donde el resonar se oía
del agua que caía al otro círculo,
como el que hace la abeja en la colmena; 3

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