Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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Yo voy por el otro camino y haré lo mismo.
Así, cada uno de ellos se fue con un grupo de escolares distinto. Pocos momentos después los dos se reunieron al final de la calleja, y cuando volvieron a la escuela se hallaron dueños y señores de ella. Se sentaron juntos, con la pizarra delante, y Tom dio a Becky el lápiz y le llevó la mano guiándosela, y así crearon otra casa sorprendente. Cuando empezó a debilitarse su interés en el arte, empezaron a charlar.
-¿Te gustan las ratas? -preguntó Tom.
-Las aborrezco.
-Bien; también yo... cuando están vivas. Pero quiero decir las muertas, para hacerlas dar vueltas por encima de la cabeza con una guita.
-No; me gustan poco las ratas, de todos modos. Lo que a mí me gusta es masticar goma.
-¡Ya lo creo! ¡Ojalá tuviera!
-¿De veras? Yo tengo un poco. Te dejaré masticar un rato, pero tienes que devolvérmela.
Así se convino, masticaron por turnos, balanceando las piernas desde el banco de puro gozosos.
-¿Has visto alguna vez el circo? -dijo Tom.
-Sí, y mi papá me va a llevar otra vez si soy buena.
Yo lo he visto tres o cuatro veces..., una barbaridad de veces. La iglesia no vale nada comparada con el circo: en el circo siempre está pasando algo. Yo voy a ser clown cuando sea grande.
-¿De verdad? ¡Qué bien! Me gustan tanto, todos llenos de pintura.
Y ganan montones de dinero..., casi un dólar por día; me lo ha dicho Ben Rogers. Di, Becky, ¿has estado alguna vez comprometida?
-¿Qué es eso?
-Pues comprometida para casarse.
-No.
-¿Te gustaría?
-Me parece que sí. No sé. ¿Qué viene a ser?
-¿A ser? Pues es una cosa que no es como las demás. No tienes más que decir a un chico que no vas a querer a nadie más que a él, nunca, nunca; y entonces os besáis y ya está.
-¿Besar? ¿Para qué besarse?
-Pues, ¿sabes?, es para... Bueno, siempre hacen eso.
-¿Todos?
-Todos, cuando son novios. ¿Te acuerdas de lo que escribí en la pizarra?
-...Sí.
-¿Qué era?
-No lo quiero decir.
-¿No quieres decirlo?
-Sí..., sí, pero otra vez.
-No, ahora.
-No, no..., mañana.
-Ahora, anda, Becky. Yo te lo diré al oído, muy callandito.
Becky vaciló, y Tom, tomando el silencio por asentimiento, la cogió por el talle y murmuró levemente la frase, con la boca pegada al oído de la niña.

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