Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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-Yo..., pues no lo sé. Hubiera echado todo a perder.
Tom, creí que me querías siquiera para eso -dijo la tía con dolorido tono, que desconcertó al muchacho-. Algo hubiera sido el quererme lo bastante para, pensar en ello, aunque no lo hubieses hecho.
-No hay mal en ello, tía --alegó Mary; es sólo el atolondramiento de Tom, que no ve más que lo que tiene delante y no se acuerda nunca de nada.
-Pues peor que peor. Sid hubiera pensado, y Sid hubiera venido, además. Algún día te acordarás, Tom, cuando ya sea demasiado tarde, y sentirás no haberme querido algo más cuando tan poco te hubiera costado.
-Vamos, tía, ya sabe que la quiero -dijo Tom.
-Mejor lo sabría si te portases de otra manera.
-¡Lástima que no lo pensase! -dijo Tom, contrito-; pero, de todos modos, soñé con usted. Eso ya es algo, ¿eh?
-No es mucho ...: otro tanto hubiera hecho el gato; pero mejor es que nada. ¿Qué es lo que soñaste?
-Pues el miércoles por la noche soñé que estaba usted sentada ahí junto a la cama, y Sid junto a la leñera, y Mary pegada a él.
Y es verdad que sí. Así nos sentamos siempre. Me alegro que en sueños te preocupes, aunque sea tan poco, de nosotros.
-Y soñé que la madre de Joe Harper estaba aquí.
-¡Pues sí que estaba! ¿Qué más soñaste?
-La mar. Pero ya casi no me acuerdo.
-Bueno; trata de acordarte. ¿No puedes?
-No sé cómo me parece que el viento..., el viento sopló la..., la...
-¡Recuerda, Tom! El viento sopló alguna cosa. ¡Vamos!
Tom se apretó la frente con las manos, mientras los otros permanecían suspensos, y dijo al fin:
-¡Ya lo tengo! ¡Ya lo sé! Sopló la vela.
-¡Dios de mi vida! ¡Sigue, Tom, sigue!
-Y me acuerdo que usted... dijo: «Me parece que esa puerta...»
-¡Sigue, Tom!
-Déjeme pensar un poco..., un momento. ¡Ah, sí! Dijo que la puerta estaba abierta.
-¡Como estoy aquí sentada que lo dije! ¿No lo dije, Mary? ¡Sigue!
-Y después, después..., no estoy seguro, pero me parece que le dijo a Sid que fuese y...
-¡Anda, anda! ¿Qué le mandé que hiciese?
-Le mandó usted..., le mandó... ¡que cerrase la puerta!
-¡En el nombre de Dios! ¡No oí cosa igual en mis días! Que me digan ahora que no hay nada en los sueños. No ha de pasar una hora sin que sepa de esto Sereny Harper.

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