Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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-Bueno, pues si tú ves una de esas luces azules que anda de aquí para allá, puedes apostar a que hay un fantasma justamente detrás de ella. Eso la razón misma lo dice. Porque tú sabes que nadie más que los fantasmas las usan.
-Claro que sí. Pero, de todos modos, no se menean de día y ¿para qué vamos a tener miedo?
-Pues la emprenderemos con la casa encantada si tú lo dices; pero me parece que corremos peligro.
Para entonces ya habían comenzado a bajar la cuesta. Allá abajo, en medio del valle, iluminado por la luna, estaba la casa encantada, completamente aisiada, desaparecidas las cercas de mucho tiempo atrás, con las puertas casi obstruidas por la bravía vegetación, la chimenea en ruinas, hundida una punta del tejado. Los muchachos se quedaron mirándola, casi con el temor de ver pasar una luz azulada por detrás de la ventana. Después, hablando en voz queda, como convenía a la hora y aquellos lugares, echaron a andar, torciendo hacia la derecha para dejar la casa a respetuosa distancia, y se dirigieron al pueblo, cortando a través de los bosques que embellecían el otro lado del monte Cardiff.

CAPÍTULO XXVI

Serían las doce del siguiente día cuando los dos amigos llegaron al árbol muerto: iban en busca de sus herramientas. Tom sentía gran impaciencia por ir a la casa encantada; Huck la sentía también, aunque en grado prudencial, pero de pronto dijo:
-Oye, Tom, ¿sabes qué día es hoy?
Tom repasó mentalmente los días de la semana y levantó de repente los ojos alarmados.
-¡Anda!, no se me había ocurrido pensar en eso.
-Tampoco a mí; pero me vino de golpe la idea de que era viernes.
-¡Qué fastidio! Todo cuidado es poco, Huck. Acaso hayamos escapado de buena por no habernos metido en esto en un viernes.
-¡Acaso!... Seguro que sí. Puede ser que haya días de buena suerte, ¡pero lo que es los viernes...!
-¡Todo el mundo sabe eso! No creas que has sido tú el primero que lo ha descubierto.
-¿He dicho yo que era el primero? Y no es sólo que sea viernes, sino que además anoche tuve un mal sueño: soñé con ratas.
-¡No! Señal de apuros. ¿Reñían?
-No.
-Eso es bueno, Huck. Cuando no riñen es sólo señal de que anda rondando un apuro. No hay más que andar listo y librarse de él.

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