Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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No se acordaba de que la frase final hubiera sido pronunciada nunca tratándose de él.
La puerta se abrió en seguida. Le ofrecieron asiento y el viejo y sus hijos se vistieron a toda prisa.
-Bueno, muchacho; espero que estarás bien y que tendrás buen apetito, porque el desayuno estará a punto tan pronto como asome el sol, y será de lo bueno; tranquilízate en cuanto a eso. Yo y los chicos esperábamos que hubieras venido a dormir aquí.
-Estaba muy asustado -dijo Huck- y eché a correr. Me largué en cuanto oí las pistolas, y no paré en tres millas. He venido ahora porque quería enterarme de lo ocurrido, ¿sabe usted?; y he venido antes que sea de día porque no quería tropezarme con aquellos condenados, aunque estuviesen muertos.
-Bien, hijo, bien; tienes cara de haber pasado mala noche; pero ahí tienes una cama para echarte después de desayunar. No, no están muertos, muchacho, y bien que lo sentimos. Ya ves, sabíamos bien dónde podíamos echarles mano, por lo que tú nos dijiste; así es que nos fuimos acercando de puntillas hasta menos de cinco varas de donde estaban. El sendero se hallaba oscuro como una cueva. Y justamente en aquel momento sentí que iba a estornudar. ¡Suerte perra! Traté de contenerme, pero no sirvió de nada: tenía que venir, y cuando estornudé se oyó moverse a los canallas para salir del sendero; yo grité: «¡Fuego muchachos!», y disparé contra el sitio donde se oyó el ruido. Lo mismo hicieron los chicos. Pero escaparon como exhalaciones aquellos bandidos, y nosotros tras ellos a través del bosque. No creo que le hiciéramos nada. Cada uno de ellos soltó un tiro al escapar, pero las balas pasaron zumbando sin hacernos daño. En cuanto dejamos de oír sus pasos, abandonamos la caza y bajamos a despertar a los policías. Juntaron una cuadrilla y se fueron a vigilar la orilla del río, y tan pronto como amanezca va a dar una batida el sheriff por el bosque, y mis hijos van a ir con él y su gente. Lástima que no sepamos las señas de esos bribones: eso ayudaría mucho. Pero me figuro que tú no podrías ver en la oscuridad la pinta que tenían, ¿no es eso?
-Sí, sí; los vi abajo en el pueblo y los seguí.
-¡Magnífico! Dime cómo son; dímelo muchacho.
-Uno de ellos es el viejo mudo español que ha andado por aquí una o dos veces, el otro es uno de mala traza, destrozado.

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