Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain) Libros Clásicos

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-¡Basta, muchacho, basta!, ¡los conocemos! Nos encontramos con ellos un día en el bosque, por detrás de la finca de la viuda, y se alejaron con disimulo. ¡Andando, muchachos, a contárselo al sheriff!...; ya desayunaréis mañana.
Los hijos del galés se fueron en seguida. Cuando salían de la habitación, Huck se puso en pie y exclamó:
-¡Por favor, no digan a nadie que yo di el soplo! ¡Por favor!
-Muy bien, si tú no quieres, Huck; pero a ti se te debía el agradecimiento por lo que has hecho.
-¡No, no! No digan nada.
Después de irse sus hijos el anciano galés dijo:
-Esos no dirán nada, ni yo tampoco. Pero ¿por qué no quieres que se sepa!
Huck no se extendió en sus explicaciones más allá de decir que sabía demasiadas cosas de uno de aquellos hombres y que por nada del mundo quería que llegase a su noticia que él, Huck, sabía algo en contra suya, pues lo mataría por ello, sin la menor duda.
El viejo prometió una vez más guardar secreto, y añadió:
-¿Cómo se te ocurrió seguirlos? ¿Parecían sospechosos?
Huck permaneció callado mientras fraguaba una respuesta con la debida cautela. Después dijo:
-Pues verá usted: yo soy una especie de chico malo; al menos, todo el mundo lo dice, y no tengo nada que responder. Y algunas veces ocurre que no puedo dormir a gusto por ponerme a pensar en ello y como tratando de seguir por mejor camino. Y eso me pasó anoche. No podia dormir y subía por la calle, dándole vueltas al asunto, y cuando llegaba a aquel almacén de ladrillos junto a la Posada de Templanza me recosté de espaldas a la pared para pensar otro rato. Bueno; pues en aquel momento llegan esos dos prójimos y pasan a mi lado con una cosa bajo el brazo, y yo pensé que la habrían robado. El uno iba fumando y el otro le pidió fuego; así es que se pararon delante de mí, y la lumbre de los cigarros les alumbró las caras, y vi que el alto era el español sordomudo, por la barba blanca y el parche en el ojo, y el otro era un fascineroso roto lleno de jirones.
-¿Y pudiste ver los jirones con la lumbre de los cigarros?
Esto azoró a Huck por un momento. Después respondió:
-Bueno, no sé; pero me parece que lo vi

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