El cumpleaños de la infanta (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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Sin embargo, esta mañana le parecía verla de nuevo tal como aquella vez en que la contempló por primera vez en el castillo de Fontainebleau, cuando él sólo tenía quince años, y ella era aún menor. Fue en aquella ocasión, cuando sellaron los esponsales ante el Nuncio de Su Santidad, el propio Rey de Francia y toda su Corte. Poco después él había regresado a El Escorial, llevando junto al corazón un rizo de cabellos rubios y el recuerdo de dos labios infantiles que se inclinaban a besarle la mano cuando subía a la carroza. Más tarde celebraron su matrimonio en Burgos, ciudad próxima a la frontera de ambos países, y en seguida entraron solemnemente en Madrid, asistieron a la tradicional misa mayor en la Iglesia de Atocha, y dictaron un auto de fe más solemne que de costumbre, por el cual más de trescientos herejes fueron entregados a la hoguera.
Sí, el Rey la había amado con locura, y para su propio infortunio. Apenas permitía que se apartara de su lado, y por ella olvidaba, o al menos parecía olvidar, los graves asuntos del Estado. La amaba tanto que jamás llegó a comprender que las complicadas ceremonias con que trataba de entretenerla, sólo conseguían agravar la extraña enfermedad que ella padecía. Cuando la reina falleció, el Rey anduvo algún tiempo como privado de razón. Y sin duda habría abdicado para recluirse en el Gran Monasterio Trapense de Granada, si no hubiese temido dejar a la Infanta, que todavía no tenía un año, en manos de su hermano, cuya crueldad y ambición eran famosas en toda España. Además muchos sospechaban que don Pedro de Aragón había provocado la muerte de la Reina, ofreciéndole unos guantes envenenados cuando ella lo visitó en su castillo de Aragón. Después de pasar los tres años de luto oficial que ordenó en todos sus dominios, el Rey no toleró que sus ministros le hablasen de un nuevo matrimonio. El mismo Emperador de Alemania le ofreció la mano de su sobrina, la encantadora Archiduquesa de Bohemia, pero el Rey dijo a los embajadores que él ya había contraído nupcias con el Dolor.

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