El fantasma de Canterville (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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-Bueno. en verdad -dijo el fantasma, con cierta dulzura-, ¿qué iba yo a hacer? Es dificilísimo en los tiempos actuales agenciarse sangre de verdad, y ya que su hermano empezó todo esto con su detergente Paragon, no veo por qué no iba yo a usar sus colores para defenderme. En cuanto al tono, es cuestión de gusto. Así, por ejemplo, los Canterville tienen sangre azul, la sangre más azul que existe en Inglaterra... Aunque ya sé que ustedes los americanos no hacen el menor caso de esas cosas.
-No sabe usted nada, y lo mejor que puede hacer es emigrar y así se desarrollará su mentalidad. Mi padre tendrá un verdadero gusto en proporcionarle un pasaje gratuito, y aunque haya derechos arancelarios elevadísimos sobre toda clase de cosas espirituosas a usted no le pondrán trabas en la aduana. Y una vez en Nueva York puede usted contar con un gran éxito. Conozco infinidad de personas que darían cien mil dólares por tener antepasados y que sacrificarían mayor cantidad aún por tener un fantasma en la familia.
-Creo que no me gustaría América.
-Quizá se deba a que allí no tenemos ni ruinas ni curiosidades -dijo burlonamente Virginia.
-¡Qué curiosidades ni qué ruinas! -contestó el fantasma-. Tienen ustedes su marina y sus modales.
-Buenas noches; voy a pedir a papá que conceda a los gemelos una semana más de vacaciones.
-¡No se vaya, miss Virginia, se lo suplico! -exclamó el fantasma-. Estoy tan solo y soy tan desgraciado que no sé qué hacer. Quisiera irme a dormir y no puedo.
-Es inconcebible: no tiene usted más que meterse en la cama y apagar la vela. Algunas veces es dificilísimo permanecer despierto, sobre todo en una iglesia, pero, en cambio, dormir es muy sencillo, hasta los niños saben dormir admirablemente, y no son nada ilustrados.
-Hace trescientos años que no duermo -dijo el anciano tristemente, haciendo que Virginia abriese mucho sus hermosos ojos azules llenos de asombro-. Hace ya trescientos años que no duermo, y me siento tan cansado...
Virginia adoptó un grave continente y sus finos labios temblaron como pétalos de rosa.

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