El pescador y su alma (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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Riendo, se puso de pie y caminó a grandes pasos hacia la orilla.
Al llegar a tierra firme volvió a reír y extendió los brazos hacia su alma. Y su alma lanzó un gran grito de alegría, y corrió a su encuentro, y penetró en él; y el joven Pescador vio delante suyo, sobre la arena esa sombra del cuerpo que es el cuerpo del alma.
Y su alma le dijo:
-Ven, alejémonos de aquí ahora mismo, mira que los dioses del mar son muy celosos y tienen monstruos que obedecen sus mandatos.
Se apresuraron y toda aquella noche caminaron bajo la luna, y todo el día siguiente caminaron bajo el sol, y al atardecer llegaron a una ciudad.
Y entonces el joven Pescador preguntó a su alma:
-¿Está es la ciudad donde danza la muchacha de quien me hablaste?
Y su alma contestó:
-No, no es está ciudad, es otra. Sin embargo, entremos.
Y entraron, y vagaron por las calles. Al pasar por el barrio de los joyeros, el joven Pescador se fijó en una copa de plata que estaba expuesta en una tienda. Y su alma le dijo:
-Toma esa copa de plata y escóndela.
El tomó la copa y la escondió entre los pliegues de su capa. Luego, precipitadamente, salieron de la ciudad.
Cuando estuvieron a una legua de la ciudad, el joven Pescador frunció el ceno, arrojó lejos la copa y le dijo a su alma:
-¿Por qué me dijiste que tomara esa copa y la ocultara, siendo eso, como es, una acción vil?
Pero su alma le respondió:
-Cálmate, tranquilízate...
Al anochecer del segundo día, llegaron a otra ciudad, y el joven Pescador preguntó a su alma:
-¿Es ésta la ciudad donde baila la muchacha de quien me hablaste?
Y su alma le contestó:
-No, no es esta ciudad, es otra. Sin embargo, entremos.
Y entraron, y comenzaron a vagar por las calles. Al pasar por el barrio de los vendedores de sandalias, el joven Pescador vio a un niño que estaba de pie, cargando un cántaro de agua. Y su alma le dijo:

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