Una mujer sin importancia (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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-Simplemente, te desprecia.
LORD ILLINGWORTH.-¡Qué lástima! Qué lástima para él, quiero decir.
MISTRESS ARBUTHNOT.-Los hijos empiezan por amar a sus padres. Después los juzgan. Raramente los perdonan.
LORD ILLINGWORTH.-(Lee la carta otra vez muy lentamente.) ¿Puedo preguntarte qué argumentos has usado para hacer que el muchacho que ha escrito esta carta, esta bella y apasionada carta, dejase de creer que debías casarte con su padre, con el padre de tu hijo?
MISTRESS ARBUTHNOT.-No he sido yo la que lo ha convertido. Ha sido otra.
LORD ILLINGWORTH.-¿Y quién es esa criatura «fin de siécle»?
MISTRESS ARBUTHNOT.-La puritana.
LORD ILLINGWORTH.-(Frunce el ceño, luego se levanta lentamente y va hacia la mesa donde está su sombrero y sus guantes. Mistress Arbuthnot permanece junto a la mesa. El coge uno de sus guantes y empieza a ponérselo.) Entonces ¿ya no tengo nada que hacer aquí, Rachel?
MISTRESS ARBUTHNOT.-Nada *.

* Mistress Arbuthnot repite, irónicamente, las mismas palabras anteriormente dichas por Lord Illingworth. Esta transmutación, que produce un efecto moral en los personajes, es prototípica del arte dramático de Wilde.

LORD ILLINGWORTH.-¿Es un adiós?
MISTRESS ARBUTHNOT.-Espero que esta vez para siempre.
LORD ILLINGWORTH.-¡Qué curioso! En este momento estás igual que la noche que me dejaste, hace veinte años. Tienes la misma expresión en la boca. Te doy mi palabra, Rachel, que ninguna mujer me ha amado como tú.Tú te diste a mí como una flor para que yo hiciese con ella lo que quisiera. Fuiste el más bonito de los juguetes, la más fascinante de las novelas... (Saca su reloj.) ¡Las dos menos cuarto! Debo volver a Hunstanton. Supongo que no volveré a verte. Lo siento, lo siento de veras. Es una experiencia divertida encontrarse entre las personas de nuestro mismo rango y tratando muy seriamente a la querida de uno y a su... (Mistress Arbuthnot coge el guante y cruza la cara de Lord Illingworth con él. Lord Illingworth se estremece. Le turba lo insultante del castigo. Por fin se controla, va hacía la ventana y mira a su hijo. Suspira y abandona la habitación.)
MISTRESS ARBUTHNOT.-Lo hubiera dicho. Lo hubiera dicho. (Entran Gerald y Hester desde el jardín.)
GERALD.-Bueno, querida mamá. Después de todo no has salido, así que venimos a buscarte. Mamá, ¿has estado llorando? (Se arrodilla junto a ella.)
MISTRESS ARBUTHNOT.-¡Hijo mío! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío! (Le acaricia el cabello.)
HESTER.-(Acercándose.) Pero ahora tiene usted dos hijos.

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