El abanico de Lady Windermere (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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las tres últimas veces que fue usted! Venga a comer
el viernes.
DUMBY.- (Con gran mirada.) ¡Encantado! (LADY
PLYMDALE le lanza una mirada de indignación. LORD
AUGUSTO sigue a MISTRESS ERLYNNE y
LORD WINDERMERE al salón de baile, con el ramo en
la mano)
LADY PLYMDALE.- (A MÍSTER DUMBY.)
¡Embustero! ¡No se le puede a usted creer una
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OSCAR WILDE
palabra! ¿Por qué me dijo que no la conocía? ¿Qué
significan esas tres visitas de que hablaba? Supongo
que no tendrá usted la desfachatez de ir a comer allí
el viernes, ¿eh?
DUMBY.- ¡Pero, mi querida Laura, ni que decir
tiene!
LADY PLYMDALE. - ¡Todavía no me ha dicho
usted cómo se llama! ¿Quién es?
DUMBY.- (Tosiendo ligeramente y pasándose la mano por
la cabeza.) Una tal mistress Erlynne.
LADY PLYMDALIE.- ¿Esa mujer?...
DUMBY.- Sí; así la llama todo el mundo.
LADY PLYMDALE.- ¡Qué interesante! Tengo que
fijarme mejor. (Yendo a la puerta del salón de baile y
mirando hacia adentro.) Cuentan de ella una porción de
horrores. Dicen que está arruinando al pobre
Windermere. ¿Y lady Windermere, que pasa por tan
mojigata, la invita? ¡Qué divertido! No hay como
una mujer buena para hacer tonterías. El viernes irá
a comer a su casa.
DUMBY.- ¿Yo? ¿Por qué?
LADY PLYMDALE. - Porque quiero que lleve a
mi marido. En estos tiempos está tan solícito
conmigo que no sé ya qué hacer para que me deje en
paz. Una mujer así, que le distraiga, es lo que le está
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EL ABANICO DE LADY WINDERMERE
haciendo falta. Usted no sabe lo útiles que son estas
mujeres. Como que son la verdadera base de los
demás matrimonios.
DUMBY. - ¡Es usted un enigma!
LADY PLYMDALE.- (Mirándole.) ¡Ojalá lo fuese
usted también!
DUMBY.- Y lo soy.... para mí, por lo menos. Soy la
única persona en el mundo que me gustaría conocer

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