El abanico de Lady Windermere (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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de su nombre, lleve usted el mío, todo cambiará.
Tenga usted valor. Margarita, amor mío...
¡Reflexione usted! ¿Qué es usted ahora? Esa mujer
ocupa el sitio que pertenece por derecho propio a
usted. ¡Oh, salga, salga usted de esta casa, alta la
cabeza, con la sonrisa en los labios! Todo Londres
sabrá por qué lo hizo usted; y ¿quién se atrevería a
censurarla? ¡Nadie! Y si lo hacen, ¿qué importa?
¿Que está mal? ¿Qué es lo que está mal? Mal está
que un marido abandone a su mujer por otra,
indigna y sin pudor. Mal está que una mujer
permanezca con el hombre que la deshonra. Usted
decía antes que nunca transigiría. Pues bien, ¡no
transija usted ahora! ¡Valor! ¡Atrévase a ser usted
misma!
LADY WINDERMERE.- Me da miedo ser yo
misma... ¡Déjeme usted reflexionar! ¡Aguardemos!
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EL ABANICO DE LADY WINDERMERE
¡Mi marido puede volver a mí! (Se sienta de nuevo en el
sofá.)
LORD DARLINGTON.- ¿Y usted lo recibiría?
No es usted entonces la mujer que yo creía. Es usted
como todas. Dispuesta a soportarlo todo antes que
arrostrar la censura de un mundo cuya alabanza
usted misma desprecia. No pasará una semana sin
que se la vea a usted paseando por el Parque en
compañía de esa mujer. Será la amiga más íntima de
usted, su inseparable. Usted lo soportará todo antes
que cortar de un golpe ese nudo monstruoso. Decía
usted bien: es usted muy cobarde.
LADY WINDERMERE.- ¡Ah, deme usted tiempo
de pensar! No me es posible contestarle ahora. (Se
pasa febrilmente la mano por la frente.)
LORD DARLINGTON.- Tiene que ser ahora o
nunca.
LADY WINDERMERE.- (Levantándose del sofá.)
Entonces... ¡nunca!
LORD DARLINGTON.- ¡Me destroza usted el
corazón!
LADY WINDERMERE.-¡El mío ya está
destrozado!
LORD DARLINGTON.-Mañana saldré de
Inglaterra. Esta es la última vez que la veo a usted.
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