La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) Libros Clásicos

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carga, de la manera como la llevaban enristrada, lo cual él no hacía
tampoco por causa de enseñarse cuanto por espantar los mezquinos de los
caminantes que encontrase. Después que pasamos aquellos campos, no con
mucho trabajo, por ser el camino llano, llegamos a una ciudad pequeña, y
no fuimos a posar al mesón, sino a casa de un capitán de peones su amigo,
y luego como llegamos encomendome a un esclavo, y él fuese muy aprisa a
su capitán, que tenía la capitanía de mil hombres de armas. Después de
algunos días que allí estábamos, aconteció una hazaña muy terrible y
espantable, la cual, por que vosotros también sepáis, acordé poner en este
libro. Aquel decurio o capitán señor de esta posada tenía un hijo mancebo
buen letrado, en consecuencia de lo cual él era adornado de modestia y
piedad, el cual tú desearías para ti otro tal. Muerta la madre mucho tiempo
había, su padre se casó segunda vez, y esta segunda mujer parió otro hijo,
que ya pasaba de doce años; la madrastra, resplandeciendo en casa del
marido más en la hermosura de su persona que en las costumbres y
virtudes, o que naturalmente fuese sin castidad y vergüenza, o que por su
hado fuese compelida a un extremo vicio; finalmente, que ella puso los ojos
en su entenado. Ahora tú, buen lector, has de saber que no lees fábula de
cosas bajas, sino tragedia de altos y grandes hechos, y que has de subir de
comedia a tragedia. Aquella mujer, en tanto que en aquellos principios el
amor tierno y pequeño se criaba, como era aún flaco en las fuerzas, ella
reprimiendo su delgada vergüenza fácilmente callando lo resistía; pero
después que el fuego cruel del amor se encerró en sus entrañas, el furioso
amor sin ningún remedio la quemaba, en tal manera, que sucumbió y
obedeció al cruel dios de amor, y fingiendo enfermedad mintió, diciendo
que la llaga del corazón estaba en la enfermedad del cuerpo; ninguno hay
que no sepa que todo el detrimento de la salud y del gesto conviene por
regla cierta y común también a los enfermos como a los enamorados: la
flaqueza y color amarillo de la cara, los ojos marchitos, las piernas

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