La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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Quint era demasiado atrevido.
   Estas palabras me hicieron recordar su rostro, ¡aquel rostro!, y me sentí invadida por una sensación de disgusto.
   -¿Demasiado atrevido con mi niño?
   -Demasiado atrevido con todo el mundo.
   Preferí no analizar por el momento su afirmación. Supuse que se refería a los miembros de la servidumbre, a la media docena de criados y sirvientes que constituían nuestra pequeña colonia. Pero se daba la feliz circunstancia de que el lugar no tenía una leyenda de escándalo, ni mala fama, cosas que resultan imposibles de ocultar, y la señora Grose, al parecer, deseaba que yo permaneciera en silencio. Al final de nuestra entrevista decidí someterla a una prueba. Era ya medianoche y mi compañera había puesto la mano en el pomo de la puerta dispuesta a marcharse.
   -¿Debo entender, por lo que me ha dicho (y esto es para mí de la mayor importancia), que Quint era definitiva y deliberadamente malo?
   -¡Oh, no abiertamente! Yo lo sabía... pero el amo no.
   -¿Y nunca se lo dijo usted?
   -Bueno, a él le disgustaban las habladurías, odiaba las quejas. Podía ser terrible cuando alguien se le acercaba con ese fin. Y si la gente se portaba correctamente con él...
   -¿No se preocupaba de nada más?
   Eso encajaba muy bien con la impresión que yo tenía de él: no era un caballero al que le gustara preocuparse, y tampoco un hombre demasiado cuidadoso con las relaciones que mantenía. Aun así, apremié a mi interlocutora, añadiendo:
   -En su caso, ¡yo se lo habría dicho!
   Advirtió mi reproche.
   -Tal vez cometí un error. Pero la verdad es que estaba asustada.
   -¿Asustada? ¿De qué?
   -De las cosas que aquel hombre podía hacer. Quint era tan hábil... tan astuto...
   Yo oía todo aquello, tal vez, con mayor atención de la que deseaba mostrar.
   -¿No temía usted algo más? -insistí-. ¿Su efecto, por ejemplo?
   -¿Su efecto? -repitió la señora Grose con un rostro angustiado y suplicante.
   -Su efecto sobre esas vidas preciosas e inocentes. Usted estaba a cargo de los niños.

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