La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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¿Por qué no interrogarla allí mismo y extraerle todo de una vez? ¿Por qué no poner a prueba aquella carita encantadora y luminosa? "Mira, mira: tú sabes lo que sabes y sospechas ya que yo me he enterado; por consiguiente, ¿por qué no me lo dices francamente, de modo que al menos podamos vivir con ello juntas y aprender tal vez, a pesar de lo extraño de nuestro destino, dónde estamos y qué significa todo ello?" Por desgracia, aquella pregunta no surgió de mis labios; de haberla formulado, tal vez no hubiese tenido que vivir lo... Bueno, ya se verá qué. En vez de sucumbir a la tentación de interrogarla, me puse de pie, miré a la camita de Flora y tomé un ineficaz camino intermedio.
   -¿Corriste las cortinas para hacerme creer que estabas acostada?
   Flora meditó unos momentos; luego respondió, con su divina sonrisa:
   -No; porque no quería asustarte.
   -Pero si, según me has dicho, creías que yo había salido...
   Ella se negó definitivamente a dejarse sorprender; volvió la mirada hacia la llama de la vela como si la pregunta fuera incongruente o, al menos, no estuviera dirigida personalmente a ella.
   -¡Oh! -respondió sencillamente-, sabía que podías volver en cualquier momento, como lo has hecho, querida.
   Y al cabo de un rato, cuando Flora había vuelto ya a la cama, me senté a su lado, le tomé una mano y se la estreché para demostrarle que reconocía lo conveniente de mi regreso.
   Es fácil de imaginar lo que a partir de entonces fueron mis noches. A menudo permanecía sentada hasta no sé qué hora. Aprovechaba los momentos en que dormía mi compañera de cuarto para dar silenciosos paseos nocturnos por el corredor; y llegué a prolongarlos hasta el sitio donde había visto por última vez a Quint. Pero nunca volví a encontrarle allí, y puedo decir que en ninguna otra ocasión le vi dentro de la casa. Sin embargo, en el rellano de la escalera volví a vivir otra aventura. Mirando hacia abajo, percibí la presencia de una mujer sentada en los peldaños inferiores, dándome la espalda.

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