La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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   ¡Quien había caído en la trampa era yo!
   -Así, para enterarse de lo que ella estaba haciendo, usted tendría que asomarse y me vería...
   -Mientras tú -concluí- pescabas un resfriado con el viento frío que sopla esta noche.
   Literalmente, pareció florecer ante aquella salida mía; se permitió asentir alegremente:
   -¿De qué otro modo habría podido ser realmente malo? -me preguntó.
   Luego, después de otro abrazo, el incidente y nuestra entrevista se cerraron con mi reconocimiento de todas las reservas de bondad que, a cambio de su broma, había logrado extraer de él.

XII

   A la luz del día, la impresión especial que yo había recibido la noche anterior no afectó de un modo extraordinario a la señora Grose, a pesar de que la reforcé con la mención de otros comentarios que había hecho él antes de separarnos.
   -Todo reside en media docena de palabras -dije a mi compañera-, palabras que en realidad constituyen el verdadero asunto: "Piense ahora en lo que podría yo hacer." Me dijo eso para demostrarme lo bueno que es. Pero es consciente de lo que podría hacer. Con toda seguridad, en la escuela trató de demostrarlo.
   -¡Dios mío, cómo cambia usted! -exclamó mi amiga.
   -No cambio; sencillamente, expreso lo que pienso. Los cuatro se han estado encontrando constantemente. Si hubiera estado usted con alguno de los niños cualquiera de estas noches, lo habría comprendido claramente. Cuando más he observado y esperado, más lo he sentido así, y para ello me basta recordar el sistemático silencio de ambos. Nunca, ni por casualidad, han aludido a ninguno de sus antiguos amigos, así como tampoco Miles ha aludido a su expulsión. ¡Oh, sí! podemos estar sentadas aquí y mirarlos, y ellos pueden aparecer frente a nosotras paseando tranquilamente; pero incluso cuando pretenden estar absortos en sus cuentos de hadas, están inmersos en la visión de los muertos que les han sido devueltos. Miles no está leyendo a su hermana -declaré- están hablando de ellos, se están relatando horrores. Hablo, lo sé, como si estuviera loca; y es una maravilla que no lo esté.

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