La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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Obedeciendo a una evidente sumisión al recuerdo, ella exclamó poco después:
   -¡Eran unos malvados! Pero ¿qué pueden hacer ahora? -insistió.
   -¿Qué pueden hacer? -inquirí, alzando tanto la voz que Miles y Flora interrumpieron su paseo y se volvieron para mirarnos-. ¿No están haciendo ya bastante? -pregunté en un tono más bajo, mientras los niños, tras dirigirnos una sonrisa y enviarnos besos con las manos, reanudaban sus juegos. Nos quedamos en silencio durante un momento. Luego contesté-: ¡Pueden destruirlos!
   Mi compañera alzó la mirada hacia mí, pero la súplica que leí en ella era una súplica muda, y me pedía que fuese más explícita.
   -Todavía no saben cómo... pero lo están intentando. Sólo se dejan ver de lejos, en lugares extraños, en lo alto de una torre, en el techo de una casa, frente a las ventanas, en la orilla distante de un estanque; pero hay en ellos una decisión firme de acortar la distancia y superar los obstáculos; y el triunfo de los tentadores es sólo cuestión de tiempo. Lo único que tienen que hacer es mantener su peligroso hechizo.
   -¿Para que los sigan los niños?
   -¡Y perezcan en el intento!
   La señora Grose se incorporó lentamente y yo añadí, con el sentimiento de que era mi obligación hacerlo:
   -A menos que nosotras, por supuesto, podamos evitarlo.
   La vi de pie ante mí, que permanecía sentada, dando vueltas a esa idea.
   -Debería ser su tío quien lo evitara. Debería llevárselos de aquí.
   -¿Y quién se lo avisará?
   La señora Grose había mantenido la mirada perdida a lo lejos, pero en ese momento volvió hacia mí un rostro enloquecido.
   -Usted, señorita.
   -¿Escribiéndole para decirle que la casa está embrujada y sus sobrinos están locos?
   -Pero ¿y si lo están?
   -¿Y si también lo estoy yo?, quiere usted decir. Una noticia encantadora para que se la envíe una institutriz que se comprometió a no importunarlo.
   La señora Grose meditó, observando de nuevo a los niños.
   -Sí, odia que lo molesten. Esa fue la principal razón.

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