La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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   -Para eso vine. A mi regreso la encontré sentada en el salón de las clases.
   -¿Y qué le dijo?
   Puedo aún oír a la buena mujer y recordar su candorosa estupefacción.
   -¡Que sufre los tormentos...!
   Esas palabras hicieron que sus ojos se desorbitaran como platos.
   -¿Quiere usted decir -preguntó ansiosamente- de los perdidos, de los condenados?
   -De los perdidos, de los condenados. Y ha decidido compartirlos...
   Me interrumpí, horrorizada por aquella idea. Pero mi compañera, con menos imaginación, preguntó:
   -¿Para compartirlos con quién?
   -Con Flora.
   La señora Grose hubiera salido corriendo de allí si yo no hubiese estado preparada para ello. Continué, antes de que tuviera tiempo de reaccionar:
   -Sin embargo, como le he dicho, la cosa carece de importancia.
   -¿Porque ha tomado una decisión? ¿Qué ha decidido?
   -Todo.
   -¿Y a qué llama usted "todo"?
   -Mandar llamar a su tío.
   -¡Oh señorita!, hágalo por favor -exclamó mi amiga.
   -Claro que lo haré; lo haré. Estoy convencida de que es la única solución. Y si Miles cree que tengo miedo de hacerlo y piensa aprovecharse de eso, verá que se equivoca. Sí, sí; su tío se enterará por mi boca, en este mismo lugar (y delante del propio Miles, si es necesario), de los motivos que tengo para no haberme preocupado de mandarlo a la escuela...
   -Sí, señorita... -dijo mi compañera.
   -Bueno, está ese terrible motivo.
   Había ya para entonces tantos motivos, que mi pobre colega -había que excusarla por esto- se perdía entre ellos.
   -¿Cuál...?
   -La carta de su antigua escuela.
   -¿Se la mostrará al amo?
   -Debí hacerlo en el preciso instante en que la recibí.
   -¡Oh, no! -replicó la señora Grose con decisión.
   -Le diré -continué inexorablemente- que no puedo cuidar a un chico que ha sido expulsado...
   -¡Pero si nunca hemos llegado a saber por qué lo expulsaron! -protestó la señora Grose.
   -Por malvado. ¿Por qué otra cosa iba a ser, siendo tan listo, tan apuesto, tan aplicado? ¿Es acaso estúpido? ¿Desaliñado? ¿Idiota? Por el contrario, es exquisito.

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