La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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   Pareció sorprenderse; seguía sonriendo encantadoramente, pero era evidente que lo que se proponía era ganar tiempo.
   -¿Nunca lo hice? ¿De veras?
   No, no me estaba reservado a mí ayudarle; quien lo haría sería el espectro que había yo visto.
   Algo en su tono y en la expresión de su rostro impresionó dolorosamente mi corazón; sentí un latido de dolor como nunca antes había sufrido otro; me resultaba intolerablemente conmovedor presenciar el trabajo de su cerebro desconcertado, sus escasos recursos puestos en tensión, luchando entre su inocencia y la perversidad que le había sido inoculada.
   -No... nunca, desde que llegaste a Bly. Nunca has mencionado a uno solo de tus maestros, ni a ningún camarada; nada, en fin, de lo que te sucedió en la escuela. Nunca, pequeño Miles, no, nunca has aludido ni siquiera de paso a lo que ha podido ocurrirte allí. Por consiguiente, te podrás imaginar cuán a oscuras me encuentro. Hasta que me lo dijiste esta mañana, no habías hecho, desde el primer momento en que te vi, ninguna referencia a tu vida anterior. Me pareció que aceptabas perfectamente el presente.
   Era extraordinario ver cómo mi absoluta convicción de su secreta precocidad (o de cualquier manera como llamara yo al veneno de una influencia que apenas me atrevía a mencionar) le hacían parecer, a pesar de su confusión, tan accesible como cualquier adulto, obligándome a tratarlo como a una persona mayor e intelectualmente como a un igual.
   -Pensé que deseabas continuar como hasta ahora.
   Me sorprendió que, al oír estas últimas palabras, su rostro se coloreara ligeramente. De todos modos, sacudió levemente la cabeza como un convaleciente que empezara a fatigarse.
   -No es ..... no es así... Quiero salir de aquí.
   -¿Estás cansado de Bly?
   -No, me gusta Bly.
   -¿Entonces...?
   -¡Oh, usted sabe bien lo que un chico necesita!
   Tuve la impresión de que no lo sabía tan bien como Miles; busqué un subterfugio.
   -¿Quieres ir con tu tío?
   De nuevo, con su bello e irónico rostro, hizo un movimiento sobre la almohada.

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