La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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Durante un momento, cambiamos mutuas miradas de inquietud, y así pude ver, con el mayor interés, que mi amiga compartía mis desvelos.
   -Debe de estar arriba -dijo la señora Grose-, en una de las habitaciones que no ha registrado.
   -No, está más lejos -repliqué con absoluta convicción-. Ha salido.
   La señora Grose se me quedó mirando.
   -¿Sin sombrero?
   -¿Acaso esa mujer no va siempre sin sombrero?
   -¿Está con ella?
   -¡Sí lo está! -aseguré-. Tenemos que encontrarlas. Puse mi mano sobre el brazo de mi amiga, pero ella no respondió a mi presión. Por el contrario, permaneció en el mismo sitio mirándome con ansiedad.
   -¿Y dónde está el señorito Miles?
   -¡Oh! Él está con Quint. En el salón de las clases.
   -¡Dios mío, señorita!
   Me daba cuenta de que mi aspecto y, supongo, mi tono no habían sido nunca tan serenos como cuando afirmé:
   -El truco le ha dado buen resultado; han tramado un plan. Miles encontró un medio divino para retenerme mientras ella salía.
   -¿Divino? -inquirió la señora Grose, asombrada.
   -Digamos infernal, entonces... -respondí casi jubilosamente-. También él se ha beneficiado con esto. ¡Vamos, de prisa!
   La señora Grose levantó los ojos, con expresión angustiada, hacia las regiones superiores.
   -¿Va a dejarlo...?
   -¿A solas con Quint? Sí, eso no importa ahora.
   En otras ocasiones parecidas, la señora Grose terminaba por asirme con firmeza la mano; en ésa me retuvo unos instantes.
   -¿Se debe esto a su carta? -me preguntó ansiosamente, sin reparar en mi impaciencia.
   Rápidamente, a guisa de respuesta, saqué la carta del bolsillo y se la mostré; luego, desprendiéndome de su mano, la deposité encima de la gran mesa del vestíbulo.
   -Luke la llevará -dije mientras regresaba a reunirme con mi amiga.
   Me dirigí luego a la puerta de la casa y la abrí. Un momento después cruzaba el umbral.
   Mi compañera me seguía. La tormenta de la noche y de las primeras horas de la mañana había amainado, pero la tarde era húmeda y gris.

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