La otra vuelta de tuerca (Henry James) Libros Clásicos

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   -¡Oh, sí! -respondió, no obstante-. Debieron haberlo repetido. A quienes les gustaban -añadió.
   De cualquier manera, allí había mucho menos de lo que yo había esperado, por lo que insistí.
   -Y, esas cosas, ¿llegaron a oídos de...?
   -¿De los maestros? Sí, así fue -respondió sencillamente-. Pero yo no sabía que ellos las hubieran dicho.
   -¿Los maestros? No, no lo hicieron... Nunca dijeron nada al respecto. Por eso te estoy preguntando a ti.
   Volvió nuevamente hacia mí su hermosa carita enfebrecida.
   -Sí, eran cosas demasiado malas.
   -¿Demasiado malas?
   -Las que decía yo a veces. No era posible escribirlas a la familia.
   No puedo describir el exquisito pathos de contradicción que presentaban aquel discurso y aquel orador; sólo sé que un instante después me oí decir vigorosamente:
   -¡Qué soberana tontería! -para, un instante después, preguntar con voz más humilde-: ¿Qué eran esas cosas?
   Mi tono, vigoroso y duro, se dirigía a su juez, a su ejecutor; sin embargo, hizo que la odiosa presencia volviera a mostrarse en la ventana; la lívida cara de una condenación. Convencida neciamente de lo absoluto de mi victoria, decidí volver a la batalla, pero lo desmedido de mis movimientos sólo lograría acelerar el desastre final. Advertí, en medio de mi acción, que el niño había dejado de ver, y que, aunque la ventana estaba frente a sus ojos, él ya sólo podía adivinar. Dejé entonces que la llama de mi impulso se elevara para convertir la crisis de su derrota en la auténtica prueba de su liberación:
   -¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! Todo lo que intentes será inútil -grité al visitante.
   -¿Está ella aquí? -jadeó Miles, mientras seguía con ojos ciegos la dirección de mis palabras.
   Luego, como su extraño ella me llamó la atención, comencé a mofarme.
   -¿La señorita Jessel? ¿La señorita Jessel?
   Y él, con repentina furia, me dio la espalda.
   Yo había quedado estupefacta ante su suposición; pensé que aludía a lo que había ocurrido con Flora, y eso sólo me llevó a desear demostrarle que se trataba de algo mejor.

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