Mina de Vanghel (Stendhal) Libros Clásicos

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Si es preciso, aténgase a una rebaja en el precio o descuente las letras de cambio que le den. En fin, es necesario a todo trance que disponga de dinero constante. Si me caso con usted, conviene que en el contrato de matrimonio aparezca tan rico como yo.
El conde no concibió la menor sospecha de que Mina le trataba como a un agente subalterno al que se paga con dinero.
En Lausanne tenía la alegría de recibir en todos los correos cartas de Alfredo. Monsieur de Larcay comenzaba a comprender lo mucho que su dueto simplificaba su situación con Mina y con su mujer. «Ella no es culpable, le decía Mina; tú la abandonaste. Quizá se ha equivocado eligiendo a monsieur de Ruppert; pero madame de Larcay no debe salir perjudicada en cuanto al dinero.» Alfredo le asignó una pensión de cincuenta mil francos, más de la mitad de su fortuna. « Qué voy a necesitar yo? escribía Alfredo a Mina No pienso volver a París hasta dentro de dos años, cuando se haya olvidado esta ridícula aventura.» «Eso no le contestó Mina; llamarías la atención cuan do volvieras. Mejor es que vayas a mostrarte a la opinión pública mientras ésta se ocupa de ti. Piensa que tu mujer no tiene ninguna culpa.»Pasado un mes, monsieur de Larcay se reunió con Mina en el precioso pueblo de Belgirate, a orillas del lago Mayor, a unas millas de las islas Borromeas. Mina viajaba con un nombre falso. Si quieres, dile a la señora Cramer que eres mi prometido como decimos en Alemania. Te recibiré siempre con alegría, pero nunca sin que esté delante la señora Cramer.
A monsieur de Larcay le parecía que a su felicidad le faltaba algo, pero no se podría encontrar en la vida de un hombre uno época tan dichosa como el mes de septiembre que él pasó con Mina a orillas del lago Mayor. Mina le vio tan prudente, que poco a poco fue perdiendo la costumbre de llevar a la señora Cramer en sus paseos.
Un día, remando por el lago, le dijo Alfredo riendo.

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