Vanina Vanini (Stendhal) Libros Clásicos

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Esto era para Vanina una desventaja.
A medianoche se difundió por el baile una noti­cia que suscitó bastante interés. Un joven carbo­narlo que estaba detenido en el fuerte de Sant´Angelo acababa de fugarse, disfrazado, aquella noche y, con un alarde de audacia romancesca, al llegar al último cuerpo de guardia de la prisión, ha­bía atacado a los soldados con un puñal; pero re­sultó herido, los esbirros le seguían por las calles siguiendo el rastro de su sangre y se esperaba que le cogerían.
Mientras contaban esta anécdota, don Livio Sa­velli, deslumbrado por las gracias y los triunfos de Vanina, con la que acababa de bailar, le decía, al acompañarla a su sitio y casi loco de amor:
-Pero, por Dios, ¿quién puede conquistar su agrado?
-Ese joven carbonarlo que acaba de fugarse -le contestó Vanína-. Por lo menos, ése ha hecho algo más que tomarse el trabajo de nacer.
El príncipe don Asdrúbal se acercó a su hija. Es un hombre rico que lleva veinte arios sin hacer cuentas con su administrador, el cual le presta sus propias rentas a un interés muy alto. Cualquiera que le encuentre en la calle le tomará por un viejo actor, sin observar que lleva en las manos cinco o seis sortijas enormes con unos diamantes gordísimos. Sus dos hijos se hicieron jesuitas y luego murieron locos. El padre los ha olvidado, pero le contraría mucho que su hija única, Vanina, no quiera casarse. Tiene ya diecinueve años y rechaza partidos brillan­tísimos. ¿Por qué razón? Por la misma que tuvo Sila para abdicar: su desprecio por los romanos.
Al día siguiente del baile, Vanina observó que su padre, el más negligente de los hombres y que jamás se había tomado el trabajo de coger una llave, cerra­ba con mucho cuidado la puerta de una pequeña escalera que subía a unas habitaciones situadas en el tercer piso del palacio. Estas habitaciones tenían unas ventanas que daban a una terraza con naranjos. Vanina fue a hacer unas visitas en Roma; al volver a casa se encontró con que la puerta principal estaba interceptada por los preparativos de una ilumina­ción, y el coche entró por los patios de atrás.

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