Vanina Vanini (Stendhal) Libros Clásicos

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Monseñor Catanzara, sin dejar de rechazar con altivez la idea de dejarse dominar por el miedo, no tardó en contar a su sobrina todas las dificultades que encontraría para salvar la vida de Missirilli. El ministro se paseaba por la estancia discutiendo con Vanina; cogió una botella de limonada que estaba sobre la chimenea y llenó un vaso de cristal. En el momento de llevárselo a los labios, Vanina se lo quitó y, después de tenerlo un momento en la ma­no, lo dejó caer al jardín como por descuido. Poco después el ministro cogió una pastilla de chocolate de una bombonera; Vanina se la quitó y le dijo rien­do
-Cuidado, en su casa está todo envenenado, pues querían su muerte. Soy yo quien ha obtenido gracia para mi futuro tío, por no entrar en la familia Savelli con las manos del todo vacías.
Monseñor Catanzara, muy impresionado, dio a su sobrina la, gracias y manifestó grandes esperan­zas por la vida de Missirilli.
-¡Trato hecho! -exclamó Vanina-; y la prueba está en esta recompensa -añadió besándole.
El ministro tomó la recompensa.
-Ha de saber, mi querida Vanina, que a mí no me gusta la sangre. Además, todavía soy joven, aun­que quizá a usted le parezca muy viejo, y puedo vi-vir en una época en que la sangre derramada hoy será una mancha.
Daban las dos cuando monseñor Catanzara acompañó a Vanina, hasta la puerta pequeña de su jardín.
Un par de días después, cuando el ministro se presentó ante el papa, bastante preocupado por la gestión que tenía que hacer, su santidad le dijo:
-Ante todo, tengo que pediros una gracia. Sigue condenado a muerte uno de los carbonarios de For­li; esta idea no me deja dormir: hay que salvar a ese hombre.
El ministro, viendo que el papa había tomado su propio partido, hizo muchas objeciones y acabó por escribir un decreto o motu proprio; el papa, contra la costumbre, lo firmó.
Vanina había pensado que quizá consiguiera el indulto de su,, amante, pero que intentarían enve­nenarle.
Ya la víspera, Missirilli había recibido del señor cura Cari, sur confesor, unos paquetes de galletas, con el aviso de no tocar los alimentos procedentes del Estado.

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