Las Pónticas (Ovidio) Libros Clásicos

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Viva feliz el grupo nu­meroso de tus amigos, entre quienes, como en me­dio de la turba, ocupaba yo un lugar insignificante. Desgraciado de mí si te ofenden estas palabras y niegas haberme contado un día en el círculo de los tuyos. Cuando, ello no fuese verdad, deberías per­donar mi mentira; pues mi vanagloria en nada per­judica tu fama. ¿Quién no se envanece de ser amigo de los Césares a poco que los conozca? Perdóname la audacia que confieso, tú serás para mí el César. Mas no penetro a la fuerza en los sitios que se me prohiben, y me doy por satisfecho con que declares que siempre me abriste tu puerta. Cuando entre los dos no existiese otro lazo mayor, a lo menos antes contabas una voz más que acudía a saludarte. Nun-ca renegó de mi amistad tu padre, que me alentó en mis estudios, que fue mi antorcha y guía, y a quien rendí como último honor el tributo de mis lágrimas en la hora de su muerte, y de mis versos recitados en el foro. Me consta, además, que tu hermano siente por ti un amor que no cede al de los hijos de Atreo y Tíndaris, y nunca ha desdeñado mi compa­ñía ni mi amistad, porque comprende sin duda que no han de serle dañosas. De lo contrario, confesaría que sobre este punto no dije verdad, prefiriendo que vuestra casa estuviese para mí herméticamente ce­rrada; mas no se me puede cerrar, no hay poder humano capaz de impedir que un amigo se extravíe, aunque todos saben que nunca he sido un criminal, y quisiera que mi error se pudiese negar igualmente. Si mi culpa no fuera en parte excusable, la pena del extrañamiento me parecería harto leve; pero el mismo César, a cuya penetración nada se escapa, vio que mi delito era sólo una imprudencia, y la perdonó tanto como lo permitía mi error y lo con­sintieron las circunstancias; usó con moderación de sus rayos, no me quitó la vida, ni la esperanza de regresar a la patria, si vuestras preces consiguen calmar su cólera. Gravísima fue mi caída, ¿qué tiene de extraño? El mortal anonadado por los rayos de Jove, no recibe daños de poca monta.

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