Las Pónticas (Ovidio) Libros Clásicos

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Aun preten­diendo reprimir su brío, los dardos que lanzaba Aquiles producían horrorosas heridas. Así, pues, siéndome favorable la sentencia del juez, no hay motivos para que tu puerta deje de reconocerme. Confieso que mis atenciones no llegaron hasta don-de debían; pero esto, a mi parecer, fue obra del des­tino. Sin embargo, nunca hubo persona a quien más honrase, y ya en tu casa, ya en la de tu hermano, go­cé la protección de vuestros Lares. Tu fraternal pie-dad es tan grande, que sin rendirte mis homenajes, por ser el amigo de tu hermano, ya tengo derecho sobre ti. Si el reconocimiento debe acompañar siempre a los beneficios, ¿no convendría a tu fortu­na merecerlo? Si me concedes persuadirte acerca de lo que has de pedir, suplica a los dioses lo que pue­den dar mejor que vender. Esto es lo que haces, y, si mal no recuerdo, solías obligar a muchos con tus relevantes servicios. ¡Mesalino, dame cualquiera pla­za en el número de los tuyos, con tal que no me mi­res como extraño en tu casa; y si no te conduele que Ovidio padezca los males que mereció, duélete al menos de que los haya merecido.
VIII

A SEVERO
¡Oh, Severo, que dominas la mejor parte de mi alma!, recibe el testimonio de afecto que te envía tu querido Nasón. No me preguntes lo que hago; si te lo contase todo, llorarías; basta que conozcas el re­sumen de mis tristezas. Vivo sin conocer un mo­mento de paz, en continuos rebatos y luchas mortíferas, que promueve el Geta provisto de su carcaj. De tantos como residen fuera de la patria, yo solo soy soldado y desterrado: todos los demás, y no los envidio, reposan seguros. Para que te dignes leer con indulgencia mis libros, ten presente que sus versos se han compuesto en los preparativos del combate. Cerca de las riberas del Íster, conocido por dos nombres, álzase una antigua ciudad casi inexpugnable por sus muros y excelente situación. A creer las historias de sus habitantes, el caspiano Egi­gso la fundó y le dio su propio nombre. El Geta fe­roz, después de acuchillar a los Odrisios por sorpresa, se apoderó de ella, Y sostuvo la guerra con el rey.

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