Las Pónticas (Ovidio) Libros Clásicos

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A veces el profanador de un templo se acoge ante el ara, y no teme implorar la clemencia del numen ofendido. Alguien dirá que esto es peligroso; pero mi barco no se desliza por plácidas aguas. Busquen otros la seguridad: mi for­tuna miserable vive sin recelo y libre de temer suce­sos más desesperados. El que es juguete del destino, ¿a quién sino, al mismo destino pedirá socorro? Es frecuente que la aguda espina produzca lindas rosas. El náufrago, combatido por las olas espumantes, tiende sus brazos a la costa, y se agarra a las peñas y a las matas punzadoras. El ave que con alas temblo­rosas huye del gavilán, se recoge fatigada en el seno del hombre, y no titubea guarecerse en la cabaña vecina la cierva que huye espantada de los rabiosos canes. Dulce amigo, oye mi petición, mira compasi­vo mis lágrimas y no cierres insensible tu puerta a mis tímidas voces; dígnate elevar piadoso mis rue­gos a los númenes que Roma venera, y a quienes tú no honras menos que al Tonante del Capitolio; co­mo legado toma a tu cargo la defensa de mi causa, aunque sea tan perdida por acompañarla mí nom­bre.
Ya próximo a la tumba, ya con el escalofrío de la muerte, difícilmente me veré salvado por ti, en el caso que me salves. Despliega ahora en pro de mi abatida suerte el favor que el príncipe te dispensa, Y así lo conserves eternamente. Inflámate ahora en aquella elocuencia hereditaria que tan provechosa solía ser a los atribulados reos. La lengua de un pa­dre elocuentísimo revive en vosotros, y su mérito ha encontrado dignos herederos. Yo no la solicito para que se apreste a mi defensa: no la tiene el reo que confiesa su culpa. Mira si consigues excusar su falta como un error, o si es más conveniente callar ,sobre el fondo de la misma. Mi herida es de aquellas que se dicen incurables, y creo lo más seguro no tocarla siquiera. Cállate, lengua; no profieras molestas pala­bras; ojalá pudiese enterrar el misterio con mis ceni­zas. Cual si me hubiese dejado engañar por un error, háblale de modo que me permita el goce de la vida que le debo.

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