Las Pónticas (Ovidio) Libros Clásicos

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Cuando me interrogabas por la verdad del rumor pregonero de mi culpa, yo quedé vaci­lante entre la confesión y la negativa; el miedo ponía en mi boca tímidas excusas, y a la manera de la nie­ve que el Austro húmedo derrite, el llanto descendía por mi rostro espantado. Recordando esto, imaginas que mi falta es capaz de admitir disculpa, como se perdona un primer error; te interesas por el antiguo amigo que cayó en el abismo y aplicas a sus heridas el bálsamo de tus consuelos. Si se me concediese la libertad de hacer votos, pediría al cielo los mil favo­res que mereces por tantos beneficios, y si tengo que ajustar mis deseos a los tuyos, rogaré que te conserven salvos a César y a su madre. Recuerda bien que esto era lo primero que solías demandar a los dioses cuando quemabas los granos del incienso en sus altares.
IV

A ÁTICO
Ático, cuya fidelidad no me inspira la menor sospecha, recibe la carta que Nasón te envía desde el Íster helado. Y bien, ¿te acuerdas aún de tu infeliz amigo, o ya no te cuidas de su tristísima situación? ¡Ah!, los dioses no me son tan adversos que me in­cline a creerlo; imposible que me hayas olvidado tan pronto. Ante la vista tengo siempre tu imagen, y los rasgos de tu rostro fijos en mi pensamiento. Re­cuerdo nuestras frecuentes conversaciones sobre trascendentales materias, y las largas horas que pa­sábamos en divertidos esparcimientos. Muy a me­nudo abreviábamos el tiempo con los coloquios, y nuestros discursos se prolongaban más que los días. A menudo te recitaba los versos acabados de com­poner, y mi novicia Musa se sometía a tus juiciosas observaciones. Lo que tú aplaudías, lo consideraba ya aplaudido por el público, y este era el dulce pre­mio de mis recientes trabajos. Para que mi libro fue­se corregido por la lima de un amigo, siguiendo tus consejos borraba no pocas frases. Juntos nos vieron las plazas, los pórticos, las calles, y juntos tomába­mos asiento en los teatros. En suma, caro amigo: el afecto con que te distinguí era tan intenso como el que sentía Aquiles por el nieto de Actor.

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