Las Pónticas (Ovidio) Libros Clásicos

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No es dicha de poca entidad la contemplación de tales seres, y poder conversar con ellos cual si estuvieran presentes. ¡Qué premio tan magnífico el de los dio­ses! Ya, como antes, no habito en los últimos con­fines; vivo feliz en la ciudad de Roma, veo el rostro de los Césares como en otro tiempo, apenas mis votos se atrevían a llegar tan lejos; como anterior-mente, saludo hoy al numen celeste: nada más satis­factorio podrías brindarme a la vuelta del destierro. ¿Qué falta al placer de los ojos si no es la vista del palacio, que sin la presencia de César sería un lugar despreciable? Contemplándolo, me figuro ver la población de Roma, porque los rasgos de su fiso­nomía reproducen la imagen de la patria. ¿Me enga­ño, o los ojos de este retrato vibran irritados contra mí? ¿No hay en sus torvas facciones algo de amena­zador? Perdona, héroe mayor que el orbe por tus virtudes; detén el azote de tu justa venganza; perdó­name, te lo suplico, honor eterno de nuestro siglo, cuyo celo te valió ser dueño del universo: por el nombre de la patria, que te es más caro que tu per­sona; por los dioses, que nunca fueron sordos a tus votos; por la compañera de tu lecho, única mujer digna de compartirlo y capaz de soportar el esplen­dor de tu majestad; por la salud de tu hijo, copia fiel de tus altas prendas, y en cuyas costumbres se reco­noce un vástago tuyo; por tus nietos dignos del pa­dre y el abuelo, que avanzan a grandes pasos en el camino que les has trazado, templa en parte el rigor de mi suplicio y concédeme una residencia lejos de la enemiga Escitia. Y tú, el primero después de Cé­sar, que tu numen, si lo merezco, no rechace incle­mente mis plegarias. Así la feroz Germanía, con el rostro despavorido, no tarde en caminar cautiva delante de tu carro triunfal. Así tu padre viva la edad de Néstor el de Pilos, y tu madre los años de la Si­bila de Cumas, y puedas ser hijo mucho tiempo. Tú, igualmente, esposa dignísima de un excelso varón, oye benévola las preces del suplicante: ojalá el cielo preserve a tu esposo, a sus hijos y sus nietos, y con las virtuosas nueras a las hijas que dieron a luz.

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