Discurso sobre economía política (Jean Jacques Rousseau) Libros Clásicos

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Es una gran deshonra para Roma que destacase la integridad del recaudador Catón, y que cuando un emperador recompensó con al­gunas monedas el talento de un cantor necesitara aclarar que el dinero en cuestión pertenecía a su familia y no al Estado. Pero si existieron pocos Galbas, ¿dónde encontrar algún Catón? y si algún día el vicio nos deshonra, ¿quiénes serán los jefes con suficientes escrúpulos como para abstenerse de tocar las rentas públicas confiadas a su arbitrio y no imponérselas de inmediato a ellos mismos, confundiendo sus vanas y escandalosas disipaciones con la gloria del Estado y el engrandecimiento de su autoridad con el aumento de poder? En esta delicada parte de la administración, es la virtud el único instrumento eficaz, y la integridad del magistrado, el exclusivo freno capaz de contener su avaricia. Los libros y las cuentas de los regidores sirven menos para descubrir su infidelidad que para encubrirlos, y la prudencia está siempre menos pronta a imaginar nuevas precauciones que la picaresca a eludirlas. Olvidaos pues de registros y papeles y poned las finanzas en manos fieles: es la única manera de que se lleven con fidelidad.
Una vez establecidos los fondos públicos, los jefes del Estado son, por definición, sus administradores, pues dicha administración es una parte esencial del gobierno, aunque no de igual volumen que las restantes: su influencia aumenta a medida que disminuyen los restantes
15 Adviértase que Rousseau, el introductor del concepto de la voluntad general como fuente de toda soberanía legítima, es fuertemente escéptico respecto de las posibilidades del gobierno democrático (y más aún en su Contrato Social. Ver Libro III, cap. IV). Esto, no debemos olvidarlo, se sostiene en la diferencia que el autor establece entre soberanía y gobierno. Lo que se afirma es, por tanto, la dificultad o imposibilidad de que el pueblo en conjunto ejerza el poder ejecutivo (nuevamente, aquí la referencia fundamental es al Contrato Social). 16 Dado que ella constituye el sujeto de la soberanía y la voluntad general.
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recursos y se puede decir que un gobierno alcanza su punto máximo de corrupción cuando no dispone de más nervio que el dinero. Ahora bien, como en esto el gobierno tiende siempre al relajamiento, podemos decir que el Estado no subsistirá si sus rentas no aumentan de continuo.
El primer signo de la necesidad de tal aumento es también el primer signo de desorden interior en el Estado, de modo que el buen administrador, cuando quiere encontrar dinero para atender una necesidad presente, no olvida indagar la causa remota de esa nueva necesidad; como el marino que, adviniendo la inundación del barco, mientras pone en marcha las bombas no olvida buscar y taponar la vía de agua.

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