Discurso sobre economía política (Jean Jacques Rousseau) Libros Clásicos

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Puede leerse en el libro El espíritu de las leyes, que la imposición por cabeza favorece la servidumbre, mientras que la tasa real conviene más a la libertad. Esto sería indiscutible si los contingentes por cabeza fuesen iguales, pues en ese caso no habría nada más desproporcionado que una tasa semejante, siendo así que el espíritu de libertad consiste sobre todo en la estricta observancia de las proporciones. Pero la tasa por cabeza es exactamente proporcionada a los medios de los particulares, como es el caso de la que en Francia llaman capitation, tasa real y personal a la vez: es la más equitativa y, por consiguiente, la que más conviene a los hombres libres. A simple vista, parece fácil seguir dichas proporciones, puesto que, por referirse a la situación que cada cual tiene en el mundo, las indicaciones son siempre públicas; pero, además de que la avaricia, el crédito y el fraude saben eludir incluso la evidencia, es raro que en tales cálculos entren todos los elementos que deben entrar. Primeramente hay que considerar la relación de cantidades por la cual, en virtud de la ley de igualdad, quien posea diez veces más deberá pagar diez veces más. En segundo lugar, la relación de usos: la distinción entre lo necesario y lo superfluo. Quien simplemente posee lo necesario no deberá pagar nada; la tasa del que tiene algo superfluo puede igualarse, si es preciso, a la suma total de lo que exceda de sus bienes necesarios. Ante esto, el último dirá que, dado su rango, lo que es superfluo para un hombre inferior es necesario para él; pero es mentira, porque un Grande tiene dos piernas como tiene un vaquero, y como él, tan sólo tiene un vientre. Además, ese pretendido necesario es tan poco necesario para su rango que, si supiese renunciar a él para un fin loable, sólo merecería el respeto. El pueblo se arrodillaría ante un ministro que acudiese a pie al consejo por haber tenido que vender sus carrozas ante una urgente necesidad del Estado. La
Librodo

ley, en fin, a nadie prescribe la magnificencia y el decoro no es nunca razón contra el derecho.
Una tercera relación, que nunca se tiene en cuenta y que debería ser siempre la primera en ser considerada, es la de las utilidades que todos obtienen de la confederación social, la cual protege fuerte mente las inmensas propiedades del rico y apenas le permite al miserable disfrutar de la cabaña que él mismo construyó con sus propias manos.

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