El príncipe (Nicolás Maquiavelo) Libros Clásicos

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Porque previnidndolos a tiempo so pueden remediar con facilidad; pero si se espera que progresen, la medicina llega a doshora, pues la enfermedad se ha vuelto incurable. Sucede lo que los médicos dicen del tisico: que al principio su mal es dificil do conocer, pero fácil de curar, mientras que, con el transcurso del tiempo, al no haber sido conocido ni atajado, se vuelve ficil de conocer, pero dificil do curar. Asi pasa en las cosas del Estado: los males que nacen on él, cuando se los descubre a tiempo, lo que sólo es dado al hombre sagaz, se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve.
Pero como los romanos vieron con tiempo los inconvenientes, los remediaron siempre, y jamás les dejaron seguir su curso por evitar una guer ra, porque sabian que una guerra no se evita, sino que se difiere para provecho ajeno. La declaración, pues, a Filipo y a Antioco en Grecia, para no verse obligados a sostenerla en Italia; y aunque entonces podían evitaria tanto en una como en otra parte, no lo quisieron. Nunca fueron partidarios de ese consejo, que está en boca de todos los sabics de nuestra epoca: hay que esperarlo todo del tiempo»; prefirieron confiar en su prudencia y en su valor, no ignorando que el tiempo puede traer cualquier cosa co nsigo, y que puede engendrar tanto el bien como el mal, y tanto el mal como el bien.
Pero volvamos a Francia y examinemos si se ha hecho algo de lo dicho. Hablaré, no de Carlos, sino de Luis, es decir, de aquel que, por haber dominado más tiempo en Ita­lia, nos ha permitido apreciar major su conducta. Y se verá cómo ha hecho to contrario de lo que debe hacerse para conserver un Estado de distinta nacionalidad.
El rey Luis fue llevado a Italia por la ambición de los venecianos, que querían, gracias a su intervención, conquistar la mitad de Lombardía. Yo no pretendo censurar la decisión tomada por el rey, porque si tenia cl propósito de empezar a introducirse en Italia, y carecía de amigos, y todas las puertas se le cerraban a causa de los desmanes del rey Carlos, no podía menos que aceptar las amistades que se le ofrecían.

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