El príncipe (Nicolás Maquiavelo) Libros Clásicos

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No bastará que extermines la raza del príncipe: quedarán los nobles, que se harán cabe­cillas do los nuevos movimientos, y como no podrás conformarlos ni matarlos a todos, perderás el Estado en la primera oportunidad que se les presente
Ahora, si se medita sobre la naturaleza del gobierno do Darío s advertirá que se parecía mucho al del Turco. Por eso fue preciso que Alejandro fuera a su encuentro y le derribara en campada. Después de la victoria, y muerto Darío, Alejandro quedó dueño tranquilo del Estado, por las razones discurridas. Y si los sucesores hubiesen perma­necido unidos, habrían podido gozar en paz de la conquista, porque no hubo on el reino otros tumultos que los que ellos mismos suscitaron. Pero es impossible gozar con tanta seguridad do un Estado organizado como el de Francia. Por ejernplo, los numerosos principados que había on España, Italia y Grecia explican las frecuentes revueltas contra los romanos; y mientras perduró el recuerdo de su existencia, los romanos nunca estuvieron seguros de su conquista; pero una vez el recuerdo borrado, se convirtieron, gracias a la duración y al poder de su Imperio, en sus seguros dominadores. Y así después pudieron, peleándose entre sí, sacar la parte que les fue posible en aquellas provincias, de acuerdo con la autoridad que tenían en ellas; porque, habiéndose extinguido la familia de sus antiguos señores, no se reconocían otros dueños que los ro­manos. Considerando, pues, estas cosas, no se asombrará nadie de la facilidad con que Alejandro conservó el Imperio de Asia, y de la dificultad con que los otros conservaron lo adquirido, como Pirro y muchos otros. Lo que no depende de la poca o mucha virtud del conquistador, sino de la naturaleza de lo conquistado.

acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero, destruirlo., después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por un corto nú mero de personas, para que se encargue de velar por la conquista. Como ese gobierno sabe que nada puede sin la amistad y poder del principe, no ha de reparar en medios para conservarle el Estado.

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