El príncipe (Nicolás Maquiavelo) Libros Clásicos

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Los súbditos so unen por ello más estrechamente a su príncipe, como si el haber sido incendiadas sus casas y devastadas sus posesiones en defensa del señor obligará a éste a protegerlos. Está en la naturaleza de los hombres el quedar reconocidos lo mismo por los beneficios que hacen que por los que reciben. De donde, si se considera bien todo, no sorá difícil a un príncipe sabio mantener firme el ánimo de sus ciudadanos durante el asedio, siempre y cuando no carezean de víveres ni de medios de la defensa.

todas las dificultades existen antes de poseerlos, pues se adquieren o por valor o por suerte, y se conservan sin el uno ni la otra, dado que se apoyan en antiguas instituciones religiosas que son tan potentes y de tal calidad, que mantienen a sus príncipes en el poder sea cual fuere el modo en que éstos procedan y vivan.
Estos son los únicos que tienen Estados y no los defienden; súbditos, y no los gobiernan. Y los Estados, a pesar de hallarse indefensos, no les son arrebatados, y los
súbditos, a pasar de carecer de gobierno, no se preocupan, ni piensan, ni podrían sustraerse a su soberania. Son, por consiguiente, los (únicos principados seguros y felices. Pero como están regidos por leyes superiores, inasequibles a la mente humana, y como han sido inspirados por cl Señor, sería oficio de hombre presuntuoso y temerario el pretender hablar de ellos. Sin embargo, si alguien me preguntase a qué se debe que la Iglesia haya llegado a adquirir tanto poder temporal, ya que antes de Alejandro, no só1o las potencias italianas, sino hasta los nobles y señores de menor importancia respetaban muy poco su fuerza temporal, mientras que ahora ha hecho temblar a un rey de Francia y aun pudo arrojarlo de Italia, y ha arruinado a los venecianos, no consideraría inútil recordar las circunstancias, aunque sean bastante conocidas.
Antes que Carlos, rey de Francia, entrase en Italia, esta provincia estaba bajo la dominación del papa, de los venecianos, del rey de Nápoles, del duque de Milán y de los florentinos.

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