El Conde Lucanor (Juan Manuel) Libros Clásicos

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Mas vio que segund la ley de los christianos non se podían partir, et que en ninguna manera non podían bevir en uno por las malas maneras que la emperadriz avía, et sabía el Papa que esto era assí.
Et desque otro cobro no podieron fallar, dixo el Papa al emperador que este fecho que lo acomendava él al entendimiento et a la sotileza del emperador, ca él non podía dar penitençia ante que el pecado fuesse fecho.
Et el emperador partióse del Papa et fuesse para su casa, et trabajó por cu-antas maneras pudo, por falagos et por amenazas et por consejos et por de­sengaños et por cuantas maneras él et todos los que con él bivían pudieron asmar para la sacar de aquella mala entençión, mas todo esto non tobo ý pro, que cuanto más le dizían que se partiesse de aquella manera, tanto más fazía ella cada día todo lo revesado.
Et de que el emperador vio que por ninguna guisa esto non se podía en­dereçar, díxol’ un día que el quería ir a la caça de los çiervos et que levaría una partida de aquella yerva que ponen en las saetas con que matan los çiervos, et que dexaría lo ál para otra vegada, cuando quisiesse ir a caça, et que se guardasse que por cosa del mundo non pusiesse de aquella yerva en sarna, nin en postiella, nin en lugar donde saliesse sangre; ca aquella yerva era tan fuerte, que non avía en el mundo cosa viva que non matasse. Et tomó de otro ungüento muy bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga et el emperador untósse con él ant’ella en algunos lugares que non estavan sanos. Et ella et cuantos ý estavan vieron que guaresçía luego con ello. Et díxole que si le fuesse mester, que de aquél pusiesse en cualquier llaga que oviesse. Et esto le dixo ante pieça de omnes et de mugeres. Et de que esto ovo dicho, tomó aquella yerva que avía menester para matar los çiervos et fuesse a su caça, assí como avía dicho.

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