El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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-Sí, volveré -decía hablando consigo mismo-, volveré; ella misma lo decidió. ¡Importuna danza! ¡Ruido mil veces más importuno! ¡Mientras más gente, más solo!
Cativo de mi tristura,
De mí todos han espanto:
Preguntan, ¿cuál desventura
Hay que me atormente tanto?
¡Inútiles esfuerzos! ¡Talento estéril! ¿De qué me sirves, de qué? ¡Ni mis palabras la vencen, ni mis trovas la mueven! ¡Elvira!
¡Ah! Te place que mis días
Ya fenezca mal logrado,
Muy en breve,
Pues que al infeliz Macías,
Es tu pecho despiadado,
Tan aleve.
Después de repetir esta endecha tristísima de una de sus composiciones, apoyóse el trovador desdichado contra la alta muralla del alcázar donde se encerraban todos sus deseos. Poco tiempo podía hacer que estaba sumergido en la más profunda meditación, ora recordando las contradictorias pruebas que de cariño y odio le había dado su señora, ora repitiendo vagamente y con profunda distracción fragmentos sueltos de las chanzones que le había inspirado su desgraciado amor, cuando una mano se apoyó sobre su hombro con extraña familiaridad.
-¿Quién eres -preguntó airado- el que osas perturbar la meditación del que desea estar solo?
-¡Quien os ha visto salir; quien compadece vuestra pasión; quien os ha de consolar en ella; quien sabe de vuestros asuntos tanto como vos, si no más! -repuso el desconocido.
-¡Ah! Judiciario -dijo Macías, reconociendo al físico Abenzarsal, que había salido tras él del bullicioso sarao-. ¿Qué se hicieron tus predicciones, y qué tu vana ciencia? ¿Dónde está mi felicidad, dónde?
-Más cerca acaso de lo que presumes, hombre incrédulo.
-Qué decís? Explicaos. ¡Ah! si alguna vez os han engañad, si sabéis, padre mío, lo que es esperar lo que nunca llega y creer lo que nunca sucede, no os burléis de mi necia confianza. Ved que lo creo todo, porque todo lo deseo.
-¡Silencio! ¿Conocéis una reja alta que da sobre el terraplén y el foso, hacia la parte del alcázar que mira al soto del Manzanares?
-¿Qué me queréis decir?
-Oíd. La reja se abre. He aquí su llave.
-¿Su llave? ¿Para qué?
-¿Para qué preguntáis? ¿No os sirve, pues?

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