El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

Página 233 de 298

Mirad, aún se me hiela la sangre en las venas; levanté los ojos, y en una de la ventanas más altas de la torre, de donde parecían salir las voces, se veía una luz, pero una luz pálida y blanquecina que andaba de una parte a otra, y de cuando en cuando parecía ponérsele por delante una sombra, más larga que una esperanza que no se cumple.
-¿Vos lo visteis? -dijo Peransúrez.
-¿No lo creéis? -preguntó el hostalero, más espantado de la incredulidad de su huésped que del mismo caso que refería.
-Mirad -contestó Peransúrez-, toda mi vida tuve grandes deseos de conocer a un encantado, y nunca pude ver la cara a ninguno; desde que fui monacillo, y sacristán después, de la Almudena, tengo ese pío. ¿Sois hombre, compañero, para apurar esta aventura y ver de hacer una visita a ese moro y a esa señora Zelindaja?...
-¿Qué decís? -interrumpió Nuño-. Como gustéis, pero os suplico que miréis...
-¡Quite allá, señor hostalero! ¿Qué decís vos, comensal?
-La verdad, señor Peransúrez -contestó su compañero-, que en esas materias... bueno es mirar dos veces...
-Vaya, ya veo yo que vos no servís para caballero andante y aventurero. ¡Voto va! ¡Que no tuviera yo aquí en Arjonilla a mi amigo Hernando, el montero de Su Alteza!
-¿Para qué, señor monacillo y sacristán después de la Almudena, ahora montero y guardabosques? -preguntó Nuño con aire socarrón.
-¿Para qué, voto a tal? Desde que me hicieron guarda de los montes de esta comarca por Su Alteza, no he vuelto a emprender una sola aventura de las que solíamos acometer y vencer en nuestros abriles. Con Hernando al lado, ya me curaría yo de moros y malandrines, de encantadas moras y cristianas. Yo entraría en el castillo o quedaríamos en él entrambos encantados, o desencantaríamos con la punta de un venablo al mago y a cuantos magos nos fuesen echando a las barbas...
-¿Entrar en el castillo decís, eh?... -preguntó sonriéndose el hostalero.
-¿Y por qué no?
-Más fácil sería entrar en vida en el purgatorio, señor monacillo y sacristán, montero y guardabosques.
-Eso no, ¡voto va!, que para entrar en el castillo no he menester yo a Hernando, ni a nadie.

Página 233 de 298
 


Grupo de Paginas:               

Compartir:




Diccionario: