El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Éste era hombre duro y fiel: por lo tanto suspicaz e irascible. No pudo, pues, sentarle bien la orden que le intimó Ferrus en nombre del conde, su común señor, ni menos el imperio y mal entendida arrogancia con que se la oía prescribir a un hombre que acababa de salir de la nada, a un siervo cuyo collar de metal acababa de romper su amo, y cuyas sonajas de azófar y bonete de loco estaban todavía demasiado recientes en la memoria del noble camarero para que le pudiese inspirar respeto ni estimación el que venia a ocupar su mismo destino, con desdoro de su clase y prerrogativas. Mandábale a decir el conde que siendo necesaria su asistencia a su lado, sólo tardase en ponerse en camino para Otordesillas, donde debía encontrarle para hacer entrega del castillo al nuevo alcaide, y enterarle de cuanto él se figurase que conducía a su mejor servicio. Rui Pero, llevado de su mal humor, no perdonó medio alguno de inspirar terror a Ferrus acerca de la responsabilidad que sobre si acababa de tomar y de las dificultades que ofrecía la conservación del castillo de un secreto tan inmediato a población, y en que si era fácil impedir la entrada a los extraños, no lo era tanto estorbar que tuvieran los de dentro alguna comunicación con los de fuera; insistió bastante, además, en la fama que de encantado tenía el castillo y en lo que de él contaban los habitantes, cosa que no contribuyó en nada a tranquilizar el ánimo de Ferrus, ya de suyo naturalmente enemigo de encantos y prodigios.
Deseoso de averiguar si debería temer o no cuanto en el particular Rui Pero le refería, determinó dormir una noche en la hostalería del pueblo, así para averiguar a punto fijo el fundamento que podrían tener aquellas tradiciones, que cual telas de araña se adhieren siempre a los edificios viejos, como para escudriñar si se había traslucido algo entre los habitantes de Arjonilla acerca de los misteriosos secretos que encerraba a la sazón la antigua hechura del amante de Zelindaja, y acerca del objeto de a su propio viaje.

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