El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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-Amén -repuso el padre-, tanto más cuanto que mañana hemos de salir a la madrugada, si dais orden de que nos abran temprano en el castillo.
-Daránse las órdenes todas que fueren necesarias -repuso Ferrus, apartándose y hablando al oído al camarero-. Pero ved que las centinelas no se han relevado aún.
-Pudierais vos mudarlas -le contestó Rui Pero-, mientras yo hago disponer la cena; estos buenos padres nos dispensarán si les dejamos solos un instante por su propio servicio.
-Ite, missa est -replicó el padre, echando una bendición gravísima a entrambos alcaides, que se dieron el brazo mutuamente a pesar de sus interiores rencillas, sin duda olvidándolo todo en momentos en que necesitaban tanto de recíproco apoyo, y salieron de la sala.
-¡Cuerpo de Cristo! Por vida de Diego Gil y Martín Bravo, los más famosos monteros de Castilla, que Dios perdone -exclamó el padre silencioso soltando una carcajada algo reprimida por la prudencia-. ¡Voto va! que nunca hubiera dicho, fray Juan o fray Peransúrez, que tañeseis de ladradura con tal primor. Por mi venablo que se os entiende de cazar en latín a las mil maravillas.
-¡Prudencia, Hernando! Sepamos lo que nos hacemos, ya que yo no sé lo que me digo. ¿No os previne de que fui monacillo y sacristán en cierto tiempo, durante el cual, si mucho escatimé el rastro de las vinajeras de la Almudena, no por eso dejé de oír las bocinas de los padres en el coro? Aprendí a tañer la misa en latín como habéis visto, y alguna palabra entiendo, ¡voto a tal!, de cada ciento que digo.
-Pobre venado es éste, Peransúrez, es nuestro -dijo Hernando-. Hace la señal del pezuño chica, y va en la redruña, ¡voto a tal! No tardaremos en tañer de occisa. ¿Pondrémosle canes?
-Ved no nos obliguen a tañer de traspuesta, mirad que se levanta ya el venado a la ceba. Yo os avisaré el momento.
-Los tiempos nos dirán, conforme vengan...
-Si; pero ved, Hernando, que no es lo dificil la entrada; mirad por la salida.
-Dios proveerá y mi venablo -repuso Hernando, componiéndose sus hábitos y echando de nuevo su capucha-.

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