El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Ya vienen hacia el buitrón.
Volvían en esto ya los dos alcaides. No tardó mucho tiempo en cubrirse la mesa, a la cual se sentaron los cuatro con la mayor armonía y fraternidad. Poco tiempo hacia que cenaban, con imprudente abandono Rui Pero y Ferrus, con más reserva y comedimiento los frailes, cuando llamó a las puertas del castillo un expreso que enviaba el conde de Cangas y Tineo. Abriéronle inmediatamente, e introducido en la sala, echóse de ver en su traza que había corrido mucho y que debía de ser en grande manera interesante su mensaje. Tomó Rui Pero el pliego cerrado que para él traía y apartándose un poco leyóle rápidamente, manifestando bien a las claras en su rostro cuánta sorpresa le infundía.
-Señor Ferrus, grandes novedades -dijo después de haberle recorrido.
-¿Qué decís? -preguntó Ferrus tartamudeando.
-Nuestro señor el ilustre conde de Cangas y Tineo maestre de Calatrava, se halla a pocas leguas de aquí...
-¿Cómo? -exclamó Ferrus levantándose.
-Sí; parece que el día después de vuestra salida de Madrid llegó a la Corte la nueva de los disturbios de Sevilla. Las cartas y pesquisidores que envió Su Alteza a esa ciudad el mes pasado para poner en paz los bandos que han estallado entre el conde de Niebla, su primo, y el conde don Pedro Ponce y otros caballeros y veinticuatros, no surtieron efecto, y el mal se acrecienta por momentos. Temeroso Su Alteza de los resultados de tan grave daño, hizo suspender su viaje a Otordesillas; hase contentado con expedir pliegos anunciando a la reina doña Catalina que irá allá desde Sevilla y mandado disponer para entonces las funciones reales y torneos que se preparaban en solemnidad del nacimiento del príncipe don Juan. Hase traído consigo a los principales señores de la corte, y esta noche debe dormir en Andújar.
-Gran novedad, por cierto -dijo Ferrus.
-Añádeme su señoría que en ese pueblo permanecerán tres días, por hallarse señalado para mañana la prueba del combate. Encárganos con este motivo -añadió Rui Pero al oído de Ferrus- la mayor vigilancia.
-¡Voto a tal! no hay cuidado -dijo Ferrus dando una carcajada-.

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