El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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.. Larga la lleváis. Fuera de aquí; llamaremos cuando hayamos menester. Diciendo y haciendo, levantóse Ferrus con trabajo y cerró la puerta después que hubieron salido los sirvientes, espantados de las palabras del alcaide.
-¿Con que el preso...?, señor alcaide -prosiguió Peransúrez, que así como su compañero no perdía una palabra ni una acción de las que se le escapaban al imprudente mancebo.
-El preso no se escapará mientras pendan de mi cintura las llaves todas del alcázar. ¡Ah! ¡ah! ¡ah! Notad, padres míos, la figura que hace un camarero dormido -prosiguió Ferrus riéndose a carcajadas y señalando con el dedo la boca abierta del buen Rui Pero, a quien la hora, el vino y el cansancio tenían cabeceando sobre su poltrona-. ¡Ah! ¡ah! ¡ah!
Al llegar aquí, tocó Peransúrez por bajo de la mesa al pie de Hernando, que de puro impaciente no hacia ya más que moverse había un gran rato. Levantándose a un tiempo los dos, precipitóse cada uno sobre el que tenía al lado. Tocóle a Peransúrez el dormido Rui Pero, que se halló ya maniatado y tapada la boca antes de acabar de despertarse; a Hernando, Ferrus, cuyo asombro fue tal al ver levantarse de repente, y en aquella tan inesperada forma, a los dos reverendos, que no fue dueño de gritar ni de oponer la menor resistencia al montero, el cual así lo fajaba con sus poderosas manos como si fuese un niño. Pusieron nuestros dos amigos a cada uno de los alcaides un palo del hogar atravesado en la boca y sujeto con cordel que preparado llevaban, a manera de mordaza, y atáronlos en seguida fuertemente de pies y manos a sus mismas poltronas, dejándolos conforme se hallaban colocados, es decir, uno enfrente de otro, con la mesa en medio y sus copas delante. Era cosa de ver la figura que hacían, sin poderse mover ni remover, ambos con la boca abierta, y mirándose con ojos aún más abiertos, sin acabar de comprender si estaban encantados por el moro del castillo o si habrían dado hospedaje a dos diablos del otro mundo que venían a castigar su descompuesta vida.

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