El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Dicen que la señal de la cruz es grande arma contra las artes del demonio, añadía en otro paseo de los que daba, sin apartarse mucho de su puesto como el que tiene miedo o frío, y siendo esto cierto, ¿cómo es que hay cristianos hechizados? Cuerpo de Cristo, si me hechizasen, tengo para mí que lo que más había de sentir había de ser aquello del no comer y del no dormir, ¡voto va!
En estas y otras reflexiones cogió entretenido al mancebo cierto profundo gemido que salió al extremo opuesto de la galería.
-¡Santa María! -exclamó, dando diente con diente, el faccionario-. Asunto concluido. ¿Si será la mora que viene a pedirme su esposo, según dicen las gentes que lo pide todas las noches a los ecos? Sin embargo, no soy eco -añadió lastimeramente como si quisiese conjurar el encanto con esta lógica observación.
Otro gemido más prolongado resonó de allí a poco, y el ruido de una cadena arrastrada por el suelo hasta el infinito en el oído del infeliz.
-¡Santo Dios! -decía el soldado, y persignábase tan de prisa como si fuese la última vez que había de persignarse en su vida, sin apartar los ojos del punto de donde él se figuraba que salía el ruido.
En esto estaba, a la orilla de la escalera, y vuelto de espaldas a ella, cuando dos manos de hierro, apoderándose de sus piernas, le levantaron en alto.
-¡Perdón, señora Zelindaja, perdón! -clamó con voz medio ahogada el miserable, y pasando por encima de la cabeza de un padre francisco, a quien no tuvo siquiera tiempo de observar, cayó rodando de espaldas por la escalera, hasta una puerta que habían cerrado tras sí nuestros aventureros, donde quedó casi exánime y sin sentido.
-¿Hay más? -dijo Peransúrez mirando a todas partes.
-No -repuso Hernando-; aquélla debe ser su prisión: ¿no oís una cadena?
-Él es; apresurémonos-. Sacando en seguida el manojo y llegando a la puerta, comenzaron a probar llaves en la cerradura. Abrió, por fin, una de las más gruesas y entrambos se precipitaron dentro de la prisión, igualmente impacientes de dar libertad al encadenado doncel.

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