El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Desatóse a los alcaides, diose la alarma, y en pocos minutos era el castillo todo un teatro de actividad difícil de pintar, corrían unos sin saber adónde ni de qué enemigos se habían de guardar; tocaban algunos bocinas en son de guerra; preparaban otros sus armas, recorríanse las escaleras y galerías; oíanse votos y juramentos, pésames y proyectos de venganza. Abríanse unas puertas, derribábanse aquellas cuyas llaves habían echado por dentro nuestros atrevidos paladines... en una palabra, era el castillo todo desorden y confusión. Nuestras leyendas, empero, tan prolijas por lo regular en todos los pormenores de sus relatos, parecen haberse descuidado sobremanera en esta ocasión; pues ni una sola palabra dicen por la cual podamos inferir, sospechar o barruntar siquiera, si cuando se dio esta alarma en el castillo habían salido ya al campo los fugitivos o si fue ocasión de que su intento se malograse. Lo cual prueba, además de otras muchas cosas que no son de este lugar, que no es tan fácil el oficio de historiador y cronista como generalmente se cree, sobre todo si no ha de dejarse olvidada ninguna de las circunstancias que puede anhelar saber el impaciente lector.
CAPITULO TRIGESIMOSÉPTIMO
El rey moro de Granada
Más quisiera la su fin;
La su seña muy preciada
Entrególa a don Ozmín.
El poder le dio sin falla
A don Ozmín su vasallo,
Y excusóse de batalla
Con cinco mil de caballo.
Historia de Alonso XI, escrita en coplas redondillas.
Dos mil vidas diera juntas
Por ser el desafiado.
Batalla de Rugero y Rodamonte.
Curiosos estarán nuestros lectores, si es que hemos sabido hacerles interesantes los personajes de nuestra desaliñada narración, de saber el estado de la desdichada Elvira, a quien dejamos con la reja de su cámara abierta, ella desvanecida en tierra, y abriéndose su puerta para dar entrada al pajecillo, o a su mismo esposo, únicos poseedores de la llave. Mucho sentimos que la complicación de sucesos que bajo nuestra pluma se aglomeran, no nos haya permitido sacarlos antes de tan incómoda duda; pero todavía sentimos más que el tiempo, que todo lo devora, nos prive aún ahora del placer de satisfacerlos completamente.

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