El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Decidióse, al mismo tiempo, que se verificaría el combate, donde quiera que estuviese la corte, al quinceno día, por cumplirse el plazo que había dado Su Alteza al justicia mayor Diego López de Stúñiga para presentarle el reo de la muerte de doña María de Albornoz. Si éste le presentaba con las pruebas legales del delito, excusaríase la prueba del combate. De lo contrario, no quedando otro medio que recurrir al juicio de Dios, sería aquél inevitable.
Con respecto a Elvira, sólo diremos que desde aquella funesta noche en balde intentó tener con su esposo una explicación; negóse éste a todas sus demandas, y la infeliz, sumida en la mayor desesperación, esperó en un continuo llanto y congoja el día en que había de desenlazarse tan terrible drama y en que había de verse expuesta a los riesgos de un combate por causa suya, y por una imprudente generosidad, que no era tiempo ya de remediar, la vida de su desdichado amante, si es que éste no había perecido ya, como tenía motivos para creerlo, en la funesta noche de su última entrevista.
Puesta a recaudo como estaba, y no permitiéndosele comunicación alguna sino con el paje, sólo pudo saber en el particular lo que todo el mundo sabía, esto es, que el doncel había desaparecido. No se le podía ocultar a Elvira que cualquiera que hubiera sido la suerte del doncel, su tenacidad y el empeño con que a todo trance había querido defender su moribunda virtud, había tenido gran parte en ella. No le podía pesar de ello; pero era bien triste reflexionar cuán horrible premio daba el cielo a su conducta. Ora pensando en su esposo, ora en su crítica situación, ora en un amor desdichado que en vano había pretendido lanzar de su pecho por todos los medios posibles, pasábase la desgraciada Elvira los días y las noches de claro en claro, sin dar reposo a la lucha de encontrados sentimientos que tenían dividida su deplorable existencia.
La nueva que llegó a la Corte el día mismo que debía haberse trasladado a Otordesillas, hizo variar de determinación a don Enrique el Doliente, como ya saben nuestros lectores, y el día del combate la cogió por tanto en Andújar.

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