El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Amaneció este día y nadie en la Corte pudo dar razón al Rey, cuidadoso e impaciente, del ignorado paradero del doncel; don Luis Guzmán fue el único que pudo exponer sencillamente cómo Hernando, fiel criado del doncel, le había visitado en la noche del sarao manifestándole sus dudas y temores, y encargándole el equipaje de su amo mientras él se dedicaba a averiguar su paradero, de que tenía vagas sospechas. Pero afirmó en seguida que desde entonces no había vuelto a tener noticia alguna ni del doncel ni de Hernando. Todos los que conocían, sin embargo, el pundonor caballeresco de Macías, no dudaban un punto que se presentaría en la lid el día emplazado, tanto más cuanto que se habían publicado los convenientes edictos y pregones; a no ser que hubiese muerto, acontecimiento que nadie tenía motivos de sospechar. Muchos achacaron la ausencia del doncel a alguna hechicería de don Enrique de Villena y del judío, pero desde sospecharlo a saberlo había tanta distancia como hay de la mentira a la verdad.
Regocijábanse en tanto secretamente aquellos dos intrigantes del feliz éxito de su manejo; sobre todo Villena, que había conseguido llevar a cabo su proyecto sin necesidad de cargar su conciencia con el peso de sangre ajena; descansando en la vigilancia de su emancipado juglar y en la fortaleza de su castillo, lleno todo de gentes a su devoción, curábase poco ya del combate, que mal podía verificarse sin la presencia del doncel. Verdad es que debía quedar condenada Elvira como calumniadora, pero esperaba que su mucho valimiento, y el que debía aumentársele, sobre todo, con el triunfo que el cielo le preparaba aquel día, le bastaría para salvar la vida de la infeliz Elvira, cosa que intentaba pedir inmediatamente a Su Alteza, proponiendo la conmutación de la pena que imponía la ley en un encierro perpetuo. De esta manera conciliaba al buen don Enrique, con el triunfo de sus intrigas, la tranquilidad de su conciencia, haciendo por una y otra parte transacciones con su ambición y con la voz secreta que le gritaba en el fondo de su corazón que no dejaba de ser culpable por haber evitado la muerte de Elvira y del doncel.

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