El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Y no os canséis, Nuño -concluyó la vieja; cerró, después, de golpe la ventana, y se alejó con un gruñido prolongado, como se aleja tronando la tempestad.
-¡Buenas noches! -dijo soltando una carcajada el compañero de viaje de Nuño.
-¡Maldita vieja! -dijo Nuño-. ¡Cuerpo de Cristo!
-Vaya, Nuño, no os desesperéis. Está visto que ha venido media Andalucía a la fama del juicio de Dios que se celebra por la prueba del combate en este pueblo que Dios bendiga.
-Y ¿qué hacemos, señor montero? ¿Os parece que nos recibirá en su audiencia el señor justicia mayor, con mulas y todo?
-Paréceme que no; pero pudieran quedar con el mozo en las afueras del pueblo.
-Como gustéis -repuso el buen Nuño.
Apeáronse nuestros viajeros, y dejadas las caballerías al mozo, dirigiéronse hacia el palacio donde se hallaba la corte hospedada.
-He aquí lo que digo -iba refunfuñando el montero-. Dad el pie y os tomarán la mano. Ofrecíme a hacer un servicio a Peransúrez, y exigióme ciento. ¿No era bastante andar un día entero tras unos hábitos viejos de nuestro padre San Francisco, que no fue poca fortuna las bestias encontrar, merced a muchas liebres que regala uno al padre sacristán? No, sino veníos después con letras para el señor Justicia mayor de no se que dueña o que doncella encantada... ¡Voto va! ¡Muchacho! -añadió el montero deteniendo a uno que corría hacia la plaza del pueblo-, ¿nos daréis razón del señor justicia mayor?
-¡Ah, señor! En mala hora venís -repuso el muchacho-; ya no dejan pasar los archeros y ballesteros hacia palacio; la corte va a salir al palenque... ¡No veis cómo corre todo el mundo? Si venís a ver el duelo, mejor haréis en llegaros a la plaza. Acaso podréis acercaros al señor justicia mayor, que ha de estar allí -dijo el muchacho, y siguió corriendo. Agrupábase la gente cada vez más por todas partes, y bien vieron nuestros viajeros que no les quedaba más recurso que seguir el consejo del muchacho.
-¡Ea! Vamos -dijo Nuño-; si allí le podemos dar alcance, sea en buen hora; si no, tenga Peransúrez paciencia, y acabada la fiesta haréis su comisión.

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