El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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Dos largas horas pasaron en tan cruel expectativa. Impacientábase ya el concurso como si hubiera pagado el dinero por su asiento y como si fuese aquella una función que estuviese ya Su Alteza obligado a darle, sólo por el hecho de haber él concebido esperanzas de presenciarla. Circunstancia que prueba que el público de Andújar en el siglo xv se parecía a los públicos de todas las épocas y países. Había consentido en recrearse con los furibundos mandobles y reveses del combate; había contado con una diversión, porque generalmente las calamidades particulares son diversiones públicas, y la diversión no llegaba. Comenzaba a levantarse ya un sordo murmullo de descontento y desaprobación; quién hablaba contra Macías, caballero aleve y descortés que se había ofrecido al socorro de una dama para faltar después a su palabra y su fe; quién se indignaba contra Villena achacando a sus cobardes maleficios la desaparición del pundonoroso doncel.
Habían ganado terreno en este tiempo Nuño y su compañero, portador de las letras que según propias expresiones le había confiado Peransúrez para el justicia mayor; ora sirviéndose de la persuasión; ora de sus codos, habíanse abierto paso poco a poco hasta llegar a colocarse cerca del tablado de los jueces, dando la vuelta al palenque. Atraído un faraute a las voces de Nuño, no pudo menos de acudir a ver qué pretendía aquel palurdo; expúsole entonces el montero cómo tenía dos palabras que comunicar a su señoría el justicia mayor.
Miróle de alto a bajo el faraute, y como le vio tan malparado:
-No es ocasión, villano -le dijo-, de pedir justicia. Id mañana a la audiencia.
-Ved que no es justicia lo que a pedirle vengo, ni son asuntos míos los que tengo que comunicarle.
-¡Calle el villano! -repuso el faraute con enojo-. ¿Qué asuntos traerá él con su señoría, si no es alguna querella contra el tabernero de la taberna del rincón?
-¡Voto va, señor faraute! -replicó el montero al verse tan injustamente maltratado-, que le enseñe yo a hablar antes de mucho...
-¡Favor al Rey! -gritó el faraute.
-¿Favor al Rey, pícaro? -contestó el montero montando en cólera-.

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