Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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El policía -un humano- se inclina por dos veces sobre los controles de su aullador, pero su vehículo acaba teniendo que detenerse. El reluciente caparazón negro de su servoarmadura le presta una apariencia rígida y vagamente ofendida, como si fuese un escarabajo gigantesco rodeado por una multitud de hormigas.
La embarcación atracó en el Bulevar Mosquito, justo debajo de la pista de patinaje. La pared estaba llena de mocosos harapientos con las caras sucias que chupaban bolas de musgo humeante y se insultaban ferozmente los unos a los otros.
-Esto no es la Cinta de Moebius dijo Tabitha.
La conductora alzó bruscamente un codo y su expresión malhumorada se hizo un poquito más ceñuda.
-Es lo más cerca que puedo llegar, hermana. Falta poco para el desfile, y el Gran Canal está cerrado.
Tabitha puso cara de irritación, pagó y saltó ágilmente al embarcadero. Las luces de sodio arrancaron destellos a su chaqueta metalizada y sus botas hicieron crujir los granos de arena que cubrían los tablones.
Intentad ver a Tabitha Jute con los ojos de vuestra mente. Olvidad a la Tabitha Jute que muestran las redes de comunicaciones, la heroína del hiperespacio capaz, astuta y embellecida por todos los recursos del arte cosmético que sonríe confiadamente mientras alarga una mano hacia la neblina tachonada de estrellas de la Vía Láctea. No, imaginaros a una joven cansada y no muy alta, vestida con una chaqueta metalizada llena de grietas y unos pantalones manchados de aceite que se abre paso a codazos sin ninguna clase de contemplaciones por entre la animada multitud que ha acudido a ver el carnaval de Schiaparelli. Tabitha mide un metro y sesenta y dos centímetros con los calcetines puestos, es bastante ancha de hombros y de caderas y pesa unos sesenta kilos a una gravedad, aunque es bastante raro que pueda disfrutar de ella. Tiene el cabello de un color jengibre oscuro y siempre lo lleva cortado con la falta de contemplaciones que distingue a quienes pasan mucho tiempo en el espacio y no se preocupan de seguir los dictados de la moda. Su piel es de un color café con leche de lo más corriente, y cuando está enfadada se llena de pecas. Y aquí la tenemos ahora, recién llegada de Chateaubriand. El viaje ha sido largo y pesado, Tabitha tiene los miembros rígidos y doloridos, se siente sucia y necesita una ducha lo más pronto posible.

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