Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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No lo aguantábamos. No éramos como el abuelo y la abuela, y su gravedad tampoco nos gustaba en lo más mínimo. Me caí de un árbol. Las dos creíamos que la Tierra era un sitio horrible y que estaban muy atrasados en todo. Mi abuelo y mi abuela vivían en un sitio donde ni tan siquiera había red.
¿Y USTED USABA LA RED CON ANGIE?
Oh, sí, claro que sí... Todo el mundo de nuestra edad lo hacía, y nos pasábamos montones de tiempo metidos en ella, aunque nadie hablaba nunca de eso. Todo el mundo tenía una identidad secreta, y eso te permitía decir lo que te daba la gana y nadie podía saber quién eras realmente. Conectarse a la red estaba bien visto. Te animaban a que lo hicieras. Se suponía que era educativo, y lo era siempre que te saltaras todos los programas educativos. Lo más divertido eran los cotilleos y las mentiras...por ejemplo, Angie era una princesa capellana exilada.
¿HAY PRINCESAS EN CAPELLA? NO LO SABIA
No sé si hay princesas en Capella, Alice, y supongo que nadie lo sabe, pero eso es justo lo que necesitas en la Luna... Si vives allí tienes que ser como mínimo una princesa capellana exilada, porque de lo contrario tu existencia se reduce a clases de educación cívica, entrenamiento en vacío, t´ai chi, seminarios de medicina una vez al mes, turnos de limpieza y mantenimiento y no poder salir al exterior. Claro que aunque te dejaran salir tampoco hay muchos sitios a los que ir, pero...
Había un sitio al que iba de vez en cuando si Angie estaba visitando a sus amistades. Cogía una bicicleta y cruzaba el Lago de los Sueños en dirección a Poseidón. Si cruzas todo el Lago de los Sueños acabas llegando al Lago de la Muerte, y siempre me pareció que quien les había puesto esos nombres dio justo en el clavo. A cinco minutos de Poseidón ya no había ningún rastro de seres humanos, y ninguna señal de que alguien hubiese estado allí jamás. No había nada, sólo rocas marrones y sombras tan negras como el cielo... Las sombras estaban demasiado frías, y había que evitarlas.
Yo siempre ponía una cinta y desconectaba la radio. Se suponía que no debías desconectar la radio en ningún momento, pero yo lo hacía para que no pudieran oír cómo cantaba acompañando a la cinta.

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